Muy sencillita. Se escoge una fiambrera lo suficientemente grande como para que en ella quepan holgadamente todas las gambas que quiera usted freir En dicha fiambrera se ponen tres o cuatro cucharadas soperas de harina, mucha sal, un poco de pimentón y las gambas peladas. Se cierra la fiambrera y se agita con gracia y salero.

Se deja reposar un rato la fiambrera cerrada con el preparado dentro, al objeto de que los líquidos de putrefacción procedentes de las gambas empapen la harina y se forme así una fina costra que es, precisamente, la que da nombre a la receta. Tras el reposo, se fríen las gambas, y se evita cuidadosamente la tentación de comerlas según salen de la sartén, al objeto de que los comensales puedan llegar a probarlas y tengan así la posibilidad de alabar nuestro arte culinario.

Oigan, una receta sencillita, pero muy buena.

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