Doña Esperanza entre dos camaradas chinos

Los chinos son comunistas, pero son ricos y además son muchos. Si nos llevamos bien con ellos, podemos venderles muchos chupa-chups, y a lo mejor hasta podemos instalar algún Corte Inglés por allí. Por eso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha dejado a un lado sus sólidos e inquebrantables principios liberales y ha decidido girar una visita a China. Que por aquellos lares se fusile en grandes ejecuciones públicas no ya a los disidentes, sino a los rateros e incluso a los políticos corruptos (como Tamayo y Sáez, a los que doña Esperanza debe su puesto), pues pelillos a la mar, que la pela es la pela. Por otra parte, viejito Pinochet y casi en la cárcel, doña Esperanza seguro que ha pensado, con esa sonrisa que le caracteriza y que tanto dice de su alta alcurnia y de su saber estar: “quita, quita, que aquí serán comunistas y todo lo que quieras, pero no hay sindicatos tocando las narices y el capitalismo es como tiene que ser, salvaje”. Y se ha subido en el avión. Para tranquilizarse después la conciencia, y de paso para fortalecer el vínculo trasatlántico, que siempre viene bien, seguro que a su vuelta del Pekín busca alguna forma de denunciar la dictadura cubana, que como nos ha recordado estos días la Condolezza esa de Bush, es una tiranía muy grande y muy mala, que debía aprender de China, que no lo es, porque son muchos chinos a los que vender coca-cola.

Quería yo escribir algo sobre el viaje de la presidenta a China, pero he leído este artículo de Oscar C. Orellana en El Otro Diario y me he dicho ¿para qué, si éste menda ya dice todo lo que yo quería decir?, y se ha quedado la cosa en el chascarrillo que acaban de leer.

Venga... meta ruido por ahí