Al final he votado no. ¿Y por qué, si mis opiniones anteriores parcecían bascular hacia el si?. Voy a tratar de explicarlo brevemente antes de salir a violar mi dieta.

1.- Es cierto que el tratado mejora la situación actual, pero sólo muy levemente. Las alharacas propagandísticas sobre el carácter contitucional del tratado quizás debían haber estado precedidas de una mayos apuesta por una convergencia real, no sólo económica, sino también social y política, por una democratización real, por la supresión de las distintas velocidades que en realidad ocultan la situación de privilegio de algunos, que son, curiosamente los más euroescépticos.

2.- Me preocupa, quizás equivocadamente eso de que hay obrar en pro de “una economía social de mercado altamente competitiva”. ¿Y si no es competitiva, qué ocurre? ¿Qué es prioritario, la competitividad o los principios sociales?. La sola sospecha de que se pueda plantear esta opción me impide votar afirmativamente.

3.- La campaña que ha realizado el Partido Socialista, en la que da la razón a la derecha euroescéptica: si votáis que no sois unos irresponsables, y estáis contra Europa. Este tipo de actitudes me repelen, y en su día se las critiqué al PP, que se apropia de la Constitución y de España, negando el carácter de demócrata y de español a todo el que no opina como ellos.

4.- En esta situación de duda, a la que finalmente había llegado, con argumentos para el no y para la abstención, optó finalmente por hacer lo que me pide mi partido y voto no.

Espero que la derecha antidemocrática no intente utilizar mi voto para deslegitimar al gobierno. No era esa el sentido de mi voto, ni es posible en este referendum -con cualquier voto que se emita- deslegitimar al gobierno. Digo no a este tratado, pero digo un sí rotundo y claro, aunque con algunos matices, al Gobierno de la Nación y a la mayoría progresista que le apoya, así como a la política que desarrolla.

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