Resulta ciertamente conmovedor cómo la derecha ha cerrado filas ante el ataque razonable -pero quizás inoportuno- del Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, en un debate extremadamente mezquino, en el que los causantes del desastre -la corrupción convergente- pretendían pasar factura al Presidente que está tratando de limpiar la Generalitat de variaas décadas de nepotismo y amiguismo. Y los buitres del PP, como siempre, revoloteando en torno a los cadáveres, por si se llevan una molleja o algo en el pico maloliente. Eso sí, disfrazados de gaviotas, que como todo el que provenga del litoral sabe, son unos pájaros extremadamente traicioneros.

Todos sabemos que las legislaturas de Gobierno de Jordi Pujol han sido, probablemente, las más corruptas que ha conocido cualquier gobierno en España, de la que Cataluña forma parte. El tres por ciento. Hoy sabemos por El País -es mentira, por lo tanto, ya que procede del órgano del malote Polanco- que un grupo de nueve constructoras de capital u origen catalán -en algún caso, incluso de obediencia convergente- se han llevado el 70 por ciento de las contratas de la Generalitat durante la última legislatura nacionalista, entre las cuales estará, supongo -creo que lo le leído- la que se encarga de la ampliación del Metro de Barcelona, y que ha causado el desastre de El Carmel.

Una de las primeras cosas que hizo el gobierno del tripartito, después de resistir los ataques miserables de la derecha ultramontana, y los irrazonables de la izquierda idiota, fue intentar introducir un poco de limpieza en el sistema de licitaciones para garantizar la libre concurrencia, y no fuesen “los de siempre” los que se lo llevaran todo. Esto es ya de por sí de izquierdas. Como dije al principio, en este panorama, resulta conmovedor observar como la derecha nacionalista española y la derecha nacionalista catalan se han dado cuenta de que sus intereses son los mismos -ambas son derechas excluyentes- y están actuando de manera conjunta y coordinada contra el gobierno de la izquierda plural. Veremos dónde acaba todo esto

Venga... meta ruido por ahí



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