Caronte lleva en su barca a un par de incautos

Habrán de comprender la inactividad que desde hace unos días pueden observar en esta bitácora, cuya causa no es que ande yo entregado a la molicie, sino más bien que me escondo de Caronte, que va por ahí buscándome con la intención de llevarme en su barquichuela al otro lado de la laguna Estigia. Y no es plan.

He caído en las garras de la enfermedad y del achaque, soy presa de terribles fiebres y destemplanzas, me sacuden espasmos sin límite. Sufro alucinaciones, engaños y ofuscaciones de la más diversa índole y mi capacidad de reflexión ha quedado anulada por inusitados delirios; de mi boca salen desatinos como gallifantes -y juro por Dios que no soy ministro de nada- y no encuentro la manera de poner coto a mi obnubilación. En estas circunstancias, comprenderán ustedes que no debo entregar mis ideas a la imprenta (es una forma de hablar) puesto que buena parte de ellas serán, a buen seguro erróneas e incluso, por qué no decirlo, equivocadas.

Algunos de ustedes, pacientes, amables lectores, dirán: pues como siempre, si nunca éste dice nada que valga la pena, que ni critica la dictadura cubana ni se enfrenta al nacionalismo etarra, y hasta la receta de besugo asado que dio responde más a un método de electrocución de criminales de minorías étnicas que a la forma correcta de preparar un delicioso pescado. Y tendrán razón. Pero es que además me fallan el ingenio y la ironía, que en estas penosas circunstancias en que me encuentro soy incapaz de escribir nada que tenga un mínimo de gracia. Pongo, por tanto aquí punto final a mi copla, y procedo a meterme en la cama, que es de donde no debía haber salido.

Venga... meta ruido por ahí