Benedicto XVI, el laicismo y algunos progres

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Esta mañana, como todas, he canjeado en el quiosco de la esquina mi vale de suscriptor de El País por el ejemplar diario del periódico. En el camino hacia el trabajo, he leído un interesante artículo, “Carta al nuevo Papa”, de José Antonio González Faus, en la que el teólogo le recuerda a Benedicto XVI (o a quien finalmente hubiera resultado elegido, porque la carta tiene toda la pinta de estar escrita antes de que la opción del Espíritu Santo fuera efectiva) que al entrar en el Cónclave juró ser fiel al ministerio de Pedro, y destaca algunos rasgos de este ministerio que le parecen olvidados al autor.
El artículo es ciertamente interesante, aunque superfluo por especulativo. Mi primer impulso ha sido escribir una nota elogiosa del artículo y manifestar que si el nuevo Papa siguiera los consejos de González Faus, iniciaría una reforma de la Iglesia en un sentido progresista, cosa altamente deseable. Pero enseguida se ha impuesto el segundo impulso. Sería ése sin duda un Papa que me caería bastante simpático, pero, a fin de cuentas ¿a mí qué me importa que el Papa sea progresista o no, que la Iglesia se reforme o no, si yo no soy católico?.

Un argumento complementario al anterior es el siguiente: no comprendo muy bien la alegría con la que algunos que se consideran progresistas o de izquierdas celebran la elección de Joseph Ratzinger porque aseguran que va a suponer el fin de la Iglesia. El argumento es absurdo por dos razones. La elección del nuevo Papa no va a suponer, ni mucho menos el fin de la Iglesia. Ha habido 2000 años de papas más bien conservadores, y ahí está la Iglesia, con todos los achaques que queramos verla, pero bastante viva a juzgar por las 300.000 personas que ayer aclamaron en la Plaza de San Pedro al nuevo Pontífice. Por otra parte, es difícil comprender el interés que pueda tener nadie en que la Iglesia se desmorone. Si es creyente, no debe desearlo, y si no es creyente, lo que ocurre en el seno de la Iglesia puede tener un interés cultural, o de cualquier otro tipo, pero en ningún caso personal. Yo no soy creyente y no deseo que la Iglesia se desmorone. Es más, creo que eso sería terriblemente negativo.

Se está criticando mucho, y no sin razón, al nuevo Papa por su última homilía como Cardenal y por sus posiciones contra el laicismo, al que se empeña en calificar, desde mi punto de vista de forma errónea, como relativista. A juicio de Benedicto XVI el laicismo es una postura agresiva de los no creyentes que pretenden arrinconar e incluso perseguir a la Iglesia, en la medida en que ésta predica una verdad absoluta y ellos, los laicistas, no creen en la existencia de ninguna verdad, pues son relativistas. Y eso no es verdad, porque no debe verse relativismo alguno en el laicismo.

El laicismo no es ni mucho menos la ausencia de creencias, ni la creencia en que no existe verdad alguna, sino la creación mediante la actividad política y legislativa, del clima necesario para que cada cual pueda profesar libremente la religión o la creencia que le parezca, desde el sometimiento a la Ley, que es igual para todos. El estado debe ser laico y aconfesional -ambas cosas me parecen lo mismo, por más que algunos se empeñen en hacer matizaciones- aunque la mayor parte de la población sea fiel de una religión determinada. El estado laico garantiza a los fieles de la religión mayoritaria la práctica de su fe en entera libertad, así como a los de las minoritarias, y garantiza así mismo que quienes no profesan ninguna fe, puedan vivir al margen de las prácticas religiosas en la misma libertad.

El laicismo no es la imposición de valores agnósticos o ateos a los creyentes, sino la libertad de conciencia y de práctica religiosa. Evidentemente, el laicismo garantiza también que la poderosa Iglesia Católica -o cualquier otra- no imponga sus criterios a toda la población en temas como el matrimonio, la investigación científica o las prácticas sanitarias. Igual que en Turquía el estado laico garantiza que el Islam lo practiquen sólo los creyentes y no se imponga a los no creyentes. Es sólo un ejemplo. Quien quiera ver en el laicismo persecución religiosa, es muy libre de verlo así, pero se equivoca.

Estos días, algunos progresistas están haciendo un discurso totalitario sobre el nuevo Papa que recuerda mucho al propio discurso del Papa al que critican. Porque negar a la Iglesia su derecho a guiarse como le parezca y a elegir al dirigente que les parezca oportuno es el vicio complementario al que cometen quienes pretenden que el matrimonio civil se regule según los criterios católicos o que la sociedad sólo penetre en aquellas líneas de investigación científica a las que la Iglesia da el Nihil Obstat.

Dudo mucho, por otra parte, que se pueda diferenciar entre conservador y progresista cuando se discute sobre temas tan ajenos a la realidad física como los que preocupan a la Iglesia. Hay asuntos internos, como la admisión del sacerdocio femenino o el voto de castidad de los religiosos sobre los que los no católicos ni siquiera debemos inmiscuirnos. ¿Es acaso la comunión un derecho fundamental? No. Entonces, si no quieren dar la comunión a los divorciados, es un problema interno. Lo mismo que el sacerdocio femenino o el voto de castidad. Cosa bien distinta es cuando despiden a una profesora de religión -pagada con dinero del estado, es decir, de todos- por haberse separado o por quedarse embarazada fuera del matrimonio. Porque el empleo sí que es un derecho regulado y reconocido en las leyes, y están utilizando dinero público.

Lo que quiero decir es que quienes se preocupan más por destruir a la Iglesia Católica -o a cualquier otra confesión- que porque el fanatismo religioso no robe espacios a la libertad de conciencia vienen a dar la razón a Benedicto XVI cuando señala que “el laicismo ya no es ese elemento de neutralidad que abre espacios de libertad“. Ratzinger continúa asegurando que en ese momento, el laicismo “empieza a transformarse en una ideología que se impone por la política y no concede espacio público a la visión católica y cristiana, que corre el riesgo de convertirse en algo estrictamente privado y, en el fondo, mutilado“. Cambien ustedes las palabras “católica y cristiana” por las que definen a cualquier otra confesión, o incluso por “atea” o “agnóstica” y se darán cuenta de lo mucho que se parece el confesionalismo católico al laicismo mal entendido de ciertos progresistas.

30 Responses to "Benedicto XVI, el laicismo y algunos progres"
  1. Alberto dice:

    Estoy de acuerdo. Creo que es una tontería alegrarse de que hayan elegido ese Papa porque así la Iglesia católica se va a acabar. No estoy a favor del anticlericalismo sino de la tolerancia y el respeto mutuo. Que la Iglesia sea más o menos progresista es asunto de la Iglesia y de los católicos. Lo que sí creo que los progresistas y liberales en lo social pueden decir es que la Iglesia no debe interferir con el Estado en materia de leyes como intento explicar en mi blog hoy. Esa es mi postura, que el Estado debe legislar para todos los ciudadanos y no según convicciones teológicas. En mi opinión, la Iglesia no debe pedirle al Estado que no promulgue algunas leyes que extiendan los derechos de la ciudadanía, debe dirigirse a los ciudadanos y ciudadanas y convencerlos para que no ejerzan esos derechos, si quiere hacerlo. Y también en mi opinión, los que no son creyentes no deben pedirle a la Iglesia que cambie internamente, sino que simplemente respete el Estado basado en una sociedad civil y aconfesional y no pidan a los Estados que impongan restricciones morales a sus ciudadanos y ciudadanas, sino que se con su discurso se ganen a esos ciudadanos y ciudadanas para que ellos y ellas se las autoimpongan. El Estado tiene que garantizar con las leyes la igualdad de los ciudadanos y ciudadanas y su libertad de elección para que (se dejen aconsejar luego éstos por alguien o no, ya es asunto suyo) puedan escoger su propio camino.

  2. intelestual dice:

    Buen texto, me parece razonable y sobre todo sorprendente que alguien reconozca que hay asuntos de los católicos en que los no católicos demuestran una beligerancia que no debería ser. Desde mi extremismo fatxa vengo a decir más o menos lo mismo en mi nuevo blog.

  3. DavidHT dice:

    Supongo que es una cuestion de definiciones y de asignación de esas definiciones a unas prácticas o realidades concretas. Me estoy refiriendo en particular al parrafo:
    “Lo que quiero decir es que quienes se preocupan más por destruir a la Iglesia Católica -o a cualquier otra confesión- que porque el fanatismo religioso no robe espacios a la libertad de conciencia vienen a dar la razón a Benedicto XVI cuando señala que “el laicismo ya no es ese elemento de neutralidad que abre espacios de libertad”.”

    Benedetto XVI hace notar que el “laicismo” ha cambiado, yo no creo que haya cambiado (la definicion que da en su comentario, Sr. Director, es buena y sigue siendo válida para definirlo), sino que un cierto (indeterminado) número de personas, antes “anti-clericales” (término muy peyorativo), prefieren opinar en nombre del “laicismo” (término con un cierto caché y ciertamente positivo, como relevan las propias palabras de Benedetto XVI).

    Podriamos hablar del “laicismo idiota”? :)

    Sobre términos tambien indicar que a los no ordenados sacerdotes pertenecientes a la Iglesia se les llama, además de “seglares”,… “laicos”.

    Estoy de acuerdo con el Sr. Director, la elección del Papa con el perfil actual, no es más que una expresión del catolicismo, no de nuestra sociedad. Como católico no practicante, y pobre pecador con poca fé, a mi el perfil del Papa y sus opiniones católicas me dan igual. Me interesa su lado social y su capacidad intelectual, que considero muy alta.

    Lo más curioso de Benedetto XVI, es que hay frases que ha dicho con las que uno no puede estar más que de acuerdo:
    – La anteriormente citada de: “el laicismo ya no es ese elemento de neutralidad que abre espacios de libertad”, con lo cual alguna vez lo fue, y como corriente no desvirtuada persigue seguir abriendolos.
    – “El hundimiento del comunismo no certifica automáticamente la bondad del capitalismo”
    -“La verdad no se determina mediante un voto de la mayoría”, incluida la elección de un Papa.

  4. Jous dice:

    Don Ricardo, arregle de una vez los foros del piquete, que ya no tiene excusa oiga.

    Suyo.

    J.

  5. César dice:

    Un texto excelente. Sentido común a raudales envuelto en Castellano de calidad. Todo es matizable si nos lo proponemos; sin embargo, suscribo hasta las comas.

  6. Imperialista dice:

    Pues van ustedes a permitirme discrepar del texto de don Ricardo, por dos cuestiones que desliza en aquél y que no se pueden dejar pasar:

    1. No, desde luego que el laicismo no es eso que dice don Ricardo. No es un “creador de climas” para la profesión libre de las creencias. No, porque exige que los ciudadanos se sometan a los dictados de la razón y abandonen cualquier otra fuente de conocimiento o de verdad que no provenga de aquella. El cristiano debe acercarse, en expresión latina etsi Deus non daretur, “como si Dios no existiera”. Claro, esto abre una discusión nueva acerca de los elementos del cristianismo que si pueden ser considerados como provenientes de la razón humana y compatibles con una concepción laica, excluyente por su condición -cualquier inmanencia no podrá ser admitida-.

    y 2. En su tradición DiegoLópezGarridista sacude a unos y a otros, aplicandoles el remoquete de totalitarios. ¿Es totalitario el discurso de la Iglesia Católica? A mi juicio no. Y podemos empezar a discutirlo, hoy que las tortis ya pueden casarse -por lo civil, claro-.

  7. Blas dice:

    Imperialista… quien fue el que dijo aquello de:
    “La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana.”

    Un euro si lo adivina.

  8. Él discurso de la Iglesia sí es totalitario, amigo Imperialista, porque se pretende imponer a quienes no somos creyentes.

    Si los católicos tuvieran un conjunto de normas de comportamiento y se conformaran con aeguirlas ellos y quien libremente las aceptase, eso no sería un discurso totalitario. Sin embargo, la Iglesia de hoy en dia pretende que loscientíficos no investiguen en aquellas líneas que a ella le parecen condenables; que los escolares se examinen de su doctrina impartida por profesores nombrados por los obispos; que el matrimonio civil se rija por las normas del religioso, entre otras cosas. Ese pretender que todos aceptemos sus normas y nos guiemos por ellas, es lo que convierte a la Iglesia de hoy en totalitaria.

    Y mire usted, lo de DiegoLópezGarridista no me ha gustado nada, así que lo va usted retirando, o me encierro en el baño y no salgo en media hora. Lo menos.

  9. Manu dice:

    Pues a mí eso de "DiegoLópezGarridista" me parece una alabanza. ;)

    El tema de la discriminación de la mujer en la Iglesia Católica es algo sobre lo que habría que entrar seriamente en España. No ea admisible en nuestro Ordenamiento Jurídico.

    Fdo. Un Agnóstico, laicista, anticlerical, defensor de sodomitas, quemaconventos y comecuras.

  10. Imperialista dice:

    Uy, por partes:

    1. A Blas: Benedicto XVI.

    2. A manu: Zerolo, mas que Zerolo.

    3. A don Ricardo:
    3.1. No entre al trapo. Su argumento es del tipo calcetín, se le puede dar la vuelta fácilmente. Según su razonamiento cualquier forma de gobierno es totalitaria. Así, un gobierno que legalizara el casamiento entre Zerolos será totalitario porque lo impone a pesar del rechazo de buena parte de la población, incluida la católica.

    3.2. ¿A qué es gracioso lo de DiegoLópezGarridista?

  11. Oiga, Imperialista, a veces me recuerda usted a sí mismo por lo obtuso que se pone cuando se pone obtuso.

    No tiene razón y lo sabe. Los católicos no están de acuerdo con el matrimonio homosexual. Vale, pues que no casen homosexuales por el rito católico y que los homosexuales católicos no se casen.

    Pero el estado regula el matrimonio -y todo lo demás- al margen de lo que manda la Santa Madre Iglesia, porque para eso es laico y aconfesional. Por otra parte, según se está sabiendo estos días -y ya veníamos sospechando- la mayor parte de la población española, por muy católica que sea, no está en contra del matrimonio homosexual. Es lo que dicen las encuestas, y es lo que dice el parlamento, en el que sólo dos partidos políticos han votado en contra.

  12. manuel zamora dice:

    Si yo no como aluvias, que me importa que normaticen, impongan, legalicen, adoctrinen y todo aquello que determine una imposición y perdida de mi libertad de decisión de no comerlas, ya que no me afecta porque “no como aluvias”; el problema surge cuando a quienes no les incumbe se convierten en críticos de esas imposiciones y tampoco las comen, analicen su proceder antes de criticar.

  13. ¿Don Manuel, he dicho yo eso?. Es que creo que he dicho justamente lo contrario.

  14. Imperialista dice:

    Oiga, que no lleva razón.

    1. Los católicos no pueden estar a favor del matrimonio homosexual. Pero es que nadie puede estar a favor del matrimonio homosexual. Es que el matrimonio es la unión de hombre y mujer para la procreación, y aunque Zerolo lleve falditas no podrá concebir nunca. Uno, aunque católico, podría entender una cierta unión civil efecutuada con contrato -que no matrimonio- y que garantize algunas cuestiones, por ejemplo, el testamento, o la pensión de viudedad. De adoptar niños, nada de nada. Pero eso creo que da igual. Con lo difícil que es adoptar un niño no me quiero imaginar lo que supondrá para una pareja de Zerolos.

    2. Está muy bien eso de "sólo dos partidos han votado en contra". Considerando que uno de ellos es el PP, con más de diez millones de votos detrás, queda gracioso eso de sólo.

    3. Ahí tiene, en el post de manuel zamora un caso claro de relativismo laico. Qué más me da a mí que a las niñas negras les rebanen el clítoris si yo no tengo clítoris. A mí no me afecta y, por tanto, no tengo derecho a criticar.

    y 4. A veces no tengo razón, claro, pero me divierte argumentar. Si quiere le hago una defensa del matrimonio homosexual por el rito católico.

  15. DavidHT dice:

    Imperialista:

    1. "Pero es que nadie puede estar a favor del matrimonio homosexual"
    Volvemos al cambio de las etiquetas, a qué llama usted "matrimonio"? a lo que dice el código civil (y es muy cercano a lo que usted menciona como reconocimiento de derechos a los homosexuales, excepto por la adopción -pero eso es otro tema-)? o a lo que dice el código canónico?

    2. Mire que en el PP hay una corriente muy gay a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. El temita es, muy a pesar de cierta gente, trasversal en la sociedad.

    3. La diferencia entre la "costumbre" de la ablación del clítoris a una niña y el "matrimonio civil" entre personas del mismo sexo es: en el primer caso se le recorta los derechos (sexuales) a una persona, y en el segundo se le incrementan (sin perjuicio para el resto de la sociedad). Y ya sabe usted que cuando se recortan los derechos a una persona se les recorta a toda la sociedad (por lo tanto "me incumbe") y cuando se incrementan o reconocen, se le reconocen a todo el mundo (por lo tanto tambien "me incumbe"). Oiga: que usted también puede casarse SI QUIERE con el frutero de la esquina.

    4. "Si quiere le hago una defensa del matrimonio homosexual por el rito católico."
    Se lo pago a 50

  16. Imperialista dice:

    Contesto a DavidHT:

    1. A lo que dice, por llegar a espacios de encuentro, el diccionario: “Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. Según la Iglesia, sería un sacramento, por el cual un hombre y una mujer se ligan perpetuamente de acuerdo con las prescripciones de aquella. O sea, que un Zerolo con un Zerolo no pueden matrimoniarse.

    2. Pues muy bien, oiga. Eso de transversal…

    3. En el caso de la ablación no se recortan los derechos sexuales sino el clitoris, pedazo de burro. Y su argumentación es de lo más simple. ¿Y si yo me quiero casar no con el frutero de la esquina -que por cierto, es un pelín feote- sino con Zerolo y con su primo? ¿Van a impedírmelo? ¿Va n a recortar mis derechos, los de Zerolo y los de su primo? ¿No sería este menage-a-trois-matrimonial una ampliación de derechos a toda la sociedad, ergo le incumben a usted?

    4. Hágame una provisión de fondos… con cien palabras bastará. Pero le advierto que la factura va sin IVA.

  17. carlos dice:

    No entren al trapo señores, la iglesia es vieja y ya saben el dicho del perro viejo. Esto no es mas que una maniobra de diversion, para marear la perdiz y distraer.

    Laicos relativistas o catolicos en el armario lo cierto es a la iglesia catolica no hay porque darle mas privilegios que los que tienen otras religiones.

    Respecto al Papa, poco hay que opinar, salvo que creo que es del opus y por tanto mas de lo mismo.

    Afortunadamente la sociedad evoluciona, dictandole las pautas a la iglesia, por mucho que quiera hacer oidos sordos.

    El PP perdio la elecciones y yo me siento mas orgullos y mas patriotico ahora que hay una ley de extrangeria y un ley para los gays. Ahora si se puede decir que en españa se respeta a los ciudadanos y no somos un democracia bananera.

  18. EPMesa dice:

    Para Imperialista y su problema del lenguaje.
    Si la tesis es que una cosa es su definición según venga expresada o bien en el código o bien en el diccionario de la RAE, le expongo a continuación:
    "ORDENADOR:1. adj. Que ordena. U. t. c. s. 2. m. Jefe de una ordenación de pagos u oficina de cuenta y razón. 3. m. Esp. Máquina electrónica dotada de una memoria de gran capacidad y de métodos de tratamiento de la información, capaz de resolver problemas aritméticos y lógicos gracias a la utilización automática de programas registrados en ella.
    ordenador personal.
    1. m. El de dimensiones reducidas, con limitaciones de capacidad de memoria y velocidad, pero con total autonomía. "
    Con lo cual cuando use usted el ordenador (ya sea personal ya sea Hal 9000 -que debe ser en el que piensan los señores académicos-) para algo que no sea resolver "problemas aritméticos y lógicos" sepa que vive usted una ensoñación imposible y va contra el orden natural, racional e incluso lingüístico de la realidad. Y que encima, como diría el torero, es imposible.
    ¿Jugamos a más ejemplos?

  19. Imperialista dice:

    Estimado Carlos:

    Parece usted pertenecer a la Ilustre Cofradía de los Bobos de Progreso, caracterizada por admirarse el ombligo y doblar el espinazo para intentar besárselo. De ahí ese grandilocuente “la sociedad evoluciona, dictandole las pautas a la iglesia”. ¡Ya le gustaría! Ah, y Benedicto XVI, del Opus. Qué finura. Qué sagacidad. Sobran las palabras. Del Opus. Más de lo mismo. Qué bárbaro. Subsecretario le tendrían que hacer. Del Ministro Caldera. El de la legalización con el tique del bonobus. Y tan contento. Y más ancho que largo. Ahora si que hay derechos. ¡Uy! Que no llego al ombligo.

    A don EPMesa:

    Sí, otro ejemplo sería bueno. Porque este no lo comprendo. No todos somos como usted, entiéndame. El ordenador posee un chip o no se qué gaitas, que efectua operaciones basadas en combinaciones de 0 y 1. Así, si uno golpea la tecla “a” en el procesador se realiza la operación, pongo por caso, 00100010001000, y en la pantalla aparece “a”. Si además le sumo la opeación 001001000100, aparece una “l”. Ese es su funcionamiento, independiente del uso. Incluso si utiliza el ordenador para clavar clavos. La autonomía se refiere a otras cuestiones, no a que piense por sí mismo. Lectura comprensiva, creo que dijo usted en otro lugar. Ahora bien, si el matrimonio es entre hombre y mujer, cosa que a usted no se le escapará, la unión entre Zerolos con idénticas obligaciones y derechos que hombres y mujeres, no puede ser matrimonio, será otra cosa. ¿Verdad?
    Y le arrojo una cuestión, que seguro que no contestará -sus múltiples y diversas ocupaciones-: ¿y de la poligamia, qué?

  20. EPMesa dice:

    1.- Efectivamente, D. Imperialista, lectura comprensiva. Porque me parece que le falla. Lo que dice la RAE es que el ordenadorno es cómo funciona el ordenador (magino que no lo saben) sino para qué sirve (“capaz de resolver”). La cuestión sigue en que el resto de ordenadores no existen.
    2.- ¿Más ejemplo? Busque usted alma. Aristotelismo puro.
    3.- Porque su argumento es ridículo. Pues se basa en la esencialidad del lenguaje, es decir: las cosas son como se nombran sin caer en la cuenta de que el lenguaje es pura convención. O dicho de otro modo, parece usted un nacionalista vasco o catalán.
    4.- Y lo de la pligamia se lo explique. Verá, el progreso se mide en la autonomía. El matrimonio homosexual permite la autonomía de dos personas, sin embargo, la poligamia se basa en la jerarquía del varón sobre las hembras y en la supremacía última de una descendencia necesaria para mantener la propiedad (de ahí que sea característica de sociedades primitivas). Por eso debe estar prohibida. El estado no debe permitir lo que la gente quiere sino lo que le hace libre. ¿A qué ya tiene de qué discutir como buen liberal?

  21. eg dice:

    Ah, ya me ha quedado claro: el debate sobre el matrimonio gay debe solucionarse echando mano del diccionario. Eso es política de alto nivel. Ante el problema social, político y moral, escuchemos la voz de María Moliner.
    Pero bueno, si los conservadores opinan que ese es el único problema… ¿ por qué no sugieren un término aceptable por ellos? ( nota: No serán aceptados aquellos en los que aparezcan las palabras maricón, mariquita, torti ni zerolo. Y risitas nerviosas de aquellos para los que la sexualidad es un terreno espinoso, tampoco)

  22. Imperialista dice:

    Creo que ha quedado probada su erudición, don EPMesa, en cuestiones, como siempre, tangenciales. El matrimonio es entre hombre y mujer, incluso si así lo dice la RAE. Estoy dispuesto a admitir la unión civil de dos hombres o de dos mujeres, pero sin llegar a la equiparación al matrimonio y, por supuesto, sin llamarlo matrimonio. Que dos Zerolos -y escribiré los términos que crea oportuno, eq- quieran establecer un contrato entre ellos por el que a la muerte de uno, herede el otro, cobre pensión de viudedad y tal, me da igual e incluso, me parece bien. Ahora, y ahí está el problema, que quieran adoptar niños me parece una aberración. Si un Zerolo quiere ser papá que se compre una Nancy, que además ahora hasta hacen caquita.

    Esencialidad nacionalista, ni de coña, don EPMesa. No es ridículo; simplemente usted no lleva razón y lo sabe. El matrimonio no puede ser nada más que entre hombre y mujer, y no le dé más vueltas.

    La poligamía. ¿Prohibida? ¿De sociedades primitivas? Vaya argumento. Veamos: un Zerolo quiere unirse con un hombre y con una mujer, pongo por caso. Y lo hacen libremente, claro. Ejercen su autonomía y se unen y son libres. ¿Va a prohibir eso el estado? ¿Por qué? Se unen libremente, ejercen la competencia plena de su autonomía. Establecen que no hay primacías: los tres iguales . Lo hacen libremente. Además ninguno es musulmán, con lo que esas movidas de la descendencia para la conservación de la propiedad -¿pero por qué son incompatibles progreso con propiedad?- decaen. Y usted lo prohibe ¿por qué?

    Políticas de alto nivel:
    1. Problema social: hay un clamor en la calle. ¡Que se casen los Zerolos! ¡Que se casen los Zerolos! No para uno de ver pancartas y carteles reivindicativos de esos. El problema es mínimo.

    2. Problema político: la izquierda toma la bandera de la mariconería -uy, perdón, homosexualidad- porque cree que es progresista. Y por meter un dedo en el ojo de la derecha. Me parece bien. ¿Risitas nerviosas? Allá cada cual.

    y 3. Problema moral: en efecto, problema moral. Y la solución progresista un ejemplo de relativismo. Lo normal, cuando la única ideología es la ausencia de ideología y el horizonte más lejano es el de las próximas elecciones, donde sin duda las locas y los locos del día del orgullo gay votarán en masa a ZP. Seguro.

    El progreso se mide en autonomía. ¿Frente a quién?

    Saludos a todos los Zerolos y a todas las Zerolas.

  23. El debate se ha desviado, así que intervengo yo que soy el dueño.

    ¿Cuál es el problema moral de la homosexualidad, Imperialista? Es que no lo veo.

    El resto de su argumentación me parece aceptable, aunque no lo compartio, pero lo de la moralidad, es que no lo veo por ninguna parte.

  24. eq dice:

    El problema moral lo tiene aquel cuya moral le crea problemas. (y esto no es una frase ingeniosa). Por ejemplo los meapilas, los beatillos, los talibanes o los fachas, entre otros. ( si, yo también uso los términos que creo oportunos esta vez, pero no ayudan nada ¿ no lo ves?)
    A mi me parece respetable que alguien tenga problemas morales con el matrimonio gay. No tienen más que evitar casarse con personas de su mismo sexo. Pero que no conviertan sus problemas morales en problemas de los demás. Además, conociendo el curso de la historia, veremos en este tema una evolución similar a la del divorcio. Empezó siendo una trompeta del apocalipsis según la derecha hasta que la convirtieron en un hecho normal, practicado con ahínco por sus dirigentes. Vamos, como la Otan para los sociatas.

  25. irichc dice:

    El lobby gay y la heterosexualidad degenerada (la homosexualidad siempre lo es) quieren que el sexo sea algo indiferente, neutro, relativo, convencional, intercambiable. Pero el sexo es algo más que echar una cana al aire. En cierto modo es la esencia del hombre, tanto del vulgar y sensual como del extraordinario y espiritual. Ambos se definen en base a su relación con el sexo, sea ésta inercial o racional, obvia o problemática. Negar esta condición constitutiva del sexo es negar al hombre y convertir la humanidad en una especie animal más. Con la diferencia de que, para colmo, se la condena a la más vergonzante y egoísta de las extinciones en el altar de la lujuria.

    Los homosexuales tienen un vicio por su condición, pero no pecan si no consienten a él. Absolutamente nadie puede ignorar indefinidamente las tendencias viciosas, y ningún mortal está libre de pecado. Ahora bien, ¿qué pensaríais de un obeso que intentase elevar la gula a la categoría de privilegio civil? Una cosa es respetar a los homosexuales y otra muy distinta es reconocer a los gays, capitular frente a la bajeza.

    Antes he dicho que el sexo, como valor psicológico, es la esencia del hombre, ya que no hay manera de sustraerse de él mientras se está vivo. Sin embargo, el sexo como valor moral es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia. Se opone, entonces, al amor, del que resulta lo contrario: la voluntad de unión, de integración y de lleno, la afirmación de la vida.

    Un monstruo no es tal por su carácter improbable, es decir, por la parvedad de casos de su tipo, pues, si así fuera, también serían monstruos los seres excepcionales, Jesucristo a la cabeza. Ahora bien, el fenómeno monstruoso se da cuando un ser está dotado de órganos o facultades que no corresponden a fin alguno, como por ejemplo, tres ojos en un mismo rostro (que rompen el eje de simetría de la visión), la bicefalia (que impide ejercer autónomamente el control sobre los miembros) o la atracción por personas del mismo sexo, destinada a eliminar el amor de la faz de la tierra, como preámbulo macabro a la desaparición de la raza humana.

    Primero fue el amor sin descendencia (“libre”), luego el amor sin compromiso (al que habría que llamar “libérrimo”). Ahora sólo queda el “amor” sin amor, entiéndase, la cópula libertina, esgrimiendo el mero goce escatológico del propio cuerpo en perjuicio de cualquier otra consideración. Hay heterosexuales que “aman” así, pero no están obligados a hacerlo. La institución jurídica del “matrimonio homosexual”, por contra, crea un paradigma que desecha cualquier forma de relación que no sea la fundada en el banal interés erótico.

    No puede haber comunión de ideales ni afirmación de la vida (esto es, familia) desde la perspectiva de la caducidad, como tampoco puede darse la amistad desde la instrumentalización sexual del otro (“Para considerar a una mujer nuestra ‘amiga’ sería preciso que nos inspirase alguna suerte de antipatía física”, dejó escrito Nietzsche). Los homosexuales degradan el amor, rebajándolo hasta el nivel de la amistad, para acto seguido arruinar la amistad, encerrándola en la mazmorra del sexo.

    Y bien, el origen de la homosexualidad es sociológico, a saber: una mala disposición del padre para que el hijo se identifique con él. Y como el error engendra error, de familias malas pueden salir familias peores y hasta antifamilias o pseudofamilias. ¿Cuál es el quid del descalabro? Una sociedad débil, egoísta e individualizada daría lugar a esta clase de fenómenos inexplicables.

    Hoy los jacobinos, antes iusnaturalistas, olvidan ese límite que el mismo Parlamento inglés se puso: “La ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer”.

    La medida legislativa que se comenta no ha sido acordada por ser un avance en materia alguna, sino por resultar electoralmente sabrosa. No ataquéis, pues, a la Iglesia, que siempre dijo lo mismo: atacad al partidillo que desde su fundación hasta la fecha ha tardado 125 años en reconocer y proclamar un “derecho inalienable”, como parece al fin que lo es el concubinato homosexual. Mas adelantemos algo de teoría.

    El buen Estado debe reconocer los máximos derechos, que son finitos y consustanciales, y al menos garantizar las libertades, infinitas y de carácter accidental, en tanto que éstas no frustren a los primeros. Es de notar que los derechos se complementan mutuamente (al integrar la noción de hombre), mientras que las libertades de signo contrario (que constituyen al individuo) se limitan recíprocamente. Los derechos, a su vez, constriñen las libertades adversas a su realización, pero ninguna libertad, ejecutada para el caso, puede disminuir un derecho en general reconocido.

    Visto esto, pocos negarán que el trocar una libertad en derecho positivo “erga omnes” equivale a debilitar por un tiempo indeterminado todas las libertades y también todos los derechos naturales que se le oponen (verbigracia, el derecho a la familia). Aquí se une el inconveniente de que con ello no se protege nada duradero que justifique tal gravamen, quedándose la cosa en un mero refrendo “a posteriori” de la voluntad de Zutano y Mengano, privadamente respetable, si bien inútil y redundante en lo público. El individualismo institucional, además de ser una suerte de oxímoron, empobrece la esencia del hombre.

    Un Estado que garantice todos los derechos será o bien perfecto, si los armoniza con la libertad, o bien tiránico, si no lo logra. En adición, un Estado que reconozca todas las libertades se destruirá a sí mismo, convirtiéndose en anarquía. Por último, el que sólo reconozca parte de ellas cederá una fracción de su soberanía a grupos de poder, cual oligocracia.

    Las parejas estables gays, las poquísimas que hay y que habrá, no dan nada a la sociedad, luego la sociedad no les debe nada en tanto que parejas. Ello aún sin entrar a juzgar su aptitud moral, que, por supuesto, yo también discuto.

    El amor, en efecto, es la unión perpetua (o así pretendida) de dos seres y, en el caso de hombre y mujer, unión en cuerpo y espíritu. “Que sean una sola carne”: cualquier otra definición lo desvirtúa. Así pues, el amor erótico, a diferencia del amor intelectual o místico, implica que esa perpetuidad se extienda al cuerpo mediante la descendencia. Y no puede decirse que el “amor” entre homosexuales sea místico, pues es carnal. Entonces, al carecer de fines carnales, es falso amor erótico, es mera lujuria y sometimiento a las pasiones, lo cual -si bien no basta para incapacitar o desacreditar a nadie- tampoco debe conceder derechos de más.

    La sodomía no tiene ningún fin, ni próximo ni remoto, que no sea la obtención de placer. Rascarse un brazo -se me contestará- tampoco cuenta con fines adicionales, y no por ello entra en la categoría de lo anormal o deforme. Pero nadie consagra una parte importante de su vida a rascarse, ni aspira a edificar algo superior a partir de este fundamento. Por ello es un abuso crear instituciones jurídicas “ad hoc” que, más allá de la protección contractual, amparen derechos inexistentes, como el que puedan tener los zurdos a trepar escaleras violetas. Máxime cuando tales prerrogativas individuales se oponen a derechos inalienables de la sociedad, por ejemplo, el de fundar una verdadera familia.

    Pero advirtamos este extremo: El matrimonio civil es el sometimiento del compromiso eterno a la contingencia contractual, la permuta de la fidelidad de dos por la voluntad de uno y otro. Sólo hay un matrimonio: el que nace queriendo durar para siempre; sólo Dios puede refrendar pactos incondicionales, indisolubles en sí y superiores a todo albedrío una vez consumados.

    Si el matrimonio civil ha logrado prosperar ha sido dado su parasitarismo con respecto al católico, empezando por el nombre. A pesar de ello, ha supuesto una brecha en la noción sacramental de la familia, que ahora se concibe con los trazos pragmáticos de una sociedad en comandita. No es extraño que ya muchos vean en esa versión descafeinada y falsa de matrimonio, y por extensión también en el matrimonio católico, un “papeleo inútil”, prefiriendo a cualquier vínculo formal la ausencia completa de sujeción, el mero estado de facto, la idílica beatitud primitiva.

    Viene entonces cuando, en un ataque de inconsecuencia, “el pueblo”, el atolondrado pueblo, exige que se legisle sobre las parejas de hecho porque la razón natural y la “igualdad” lo requieren. Salimos, pues, de una regulación para caer en otra. ¿Con qué fin? Protegernos de nuestra propia voluntad, aunque lo hagamos de manera artificiosa mediante la ley, que imaginamos no impuesta, sino emanada de nuestras conciencias.

    El “matrimonio homosexual”, en fin, es un paso más en este montaje metafísico-jurídico, nacido para vaciar al hombre de sus responsabilidades irrenunciables en favor de un Estado omniabarcante, cuyo proceder no debe cuestionarse ni siquiera en el fuero interno. Se trata en definitiva del sueño de un déspota como Napoleón, perpetuado en el ideario fáustico del ateo.

    Además, el placer sexual es una pasión y, por consiguiente, carece de fines propios. Los homosexuales no reinvindican el derecho al amor (eso iba a ser como reinvindicar el derecho a la alegría: una estupidez), sino al placer. La capacidad de amar no puede regularse de forma directa, pues es de naturaleza interna. Sólo se regulan los actos externos, a saber, la consecución de una descendencia, a cuyo núcleo afectivo llamamos familia, o en su caso, la búsqueda del mero goce, a la que nos referimos como concubinato. La homosexualidad queda forzosamente reducida a este último supuesto.

    El sexo es siempre promiscuo, el amor es lo único que le pone freno. Y el amor necesita un cauce o fin duradero para no extraviarse ni agotarse demasiado pronto. Así pues, el “amor homosexual”, aun si existiese, cosa que niego, no tendría nada que ver con el matrimonio al no contar con fines naturales.

    Los gays reclaman el derecho al matrimonio para escarnecer el amor y, mediante su marginación, parecer ellos menos enfermos. Se intenta dar una solución sociológica a un problema psicológico, arrastrándose a todo el cuerpo social en una caída en picado hacia la animalidad.

    En resumen:

    1) El “amor homosexual” es un acto natural (la cópula) carente de fines naturales (la reproducción).

    2) Todo amor busca unir a perpetuidad (el amor entre madre e hijo, padre e hijo, etc. no busca unir a perpetuidad, porque ya nace unido por el parentesco), pero el “amor homosexual” no sólo no lo logra, sino que no puede lograrlo desde sí mismo.

    3) Luego, o bien el “amor homosexual” no busca unir a perpetuidad, o bien lo busca sin fruto.

    4) Si no lo busca, no es amor.

    5) Ahora bien, si lo busca sabiendo que no puede lograrlo, también es engaño.

    6) Ergo, se elija lo que se elija, aceptadas las premisas, el “amor homosexual” sólo impropiamente puede llamarse amor.

    7) Y, si no se aceptan las premisas, entonces llamad amor a cualquier entretenimiento pasajero, con lo que demostraréis que, para conseguir vuestro cometido habéis tenido que degradar el concepto, tal y como se entiende de ordinario.

    Ahora el único freno contra la poligamia es la “dignidad de la mujer”, que se esgrimiría como indisponible frente a aquellas a las que no les importase compartir marido. Pero parece que a nadie le preocupa la dignidad de la familia. Es hipócrita: permitimos uniones contra natura, minoritarias en nuestra sociedad, y les negamos a los inmigrantes sus uniones tradicionales que, siendo incorrectas, al menos no carecen de fines.

    Debo insistir: los gays no buscan ser naturalmente iguales que el resto de parejas, porque es imposible, ya que su condición física y espiritual se lo niega. Buscan que esas parejas sean iguales a ellos: eso sí es posible, y la ley aquí es sólo un instrumento para perpetuar esa práctica marginal. Por lo común la ley reafirma la costumbre generalmente aceptada; en España se ve que también nace para negarla y pervertirla a golpe de chantaje moral.

    No deja de ser sintomático el que muchos os hayáis tomado a modo de cruzada la invención de derechos, queriendo dotar de una dignidad especial a quien de por sí no la tiene. Como el que maquilla a una rana.

    Sólo hacer notar que el “amor homosexual”, como el supuesto amor de los animales, carece de fines conscientes o inconscientes. Con la misma autoridad con que hoy se casan hombres con hombres y mujeres con mujeres, podrían “casarse” caballos con yeguas y hasta yeguas con novillos, amparándose la extravagancia en la libre voluntad del campesino. Ahora bien, el consentimiento sin derecho no obliga a terceros, pues es pacto entre criminales; y España y Portugal bien pueden dividirse el mundo en Tordesillas, que el mundo seguirá su curso.

    Saludos.

    Daniel.

    http://www.miscelaneateologica.tk

  26. ZarPatero dice:

    No acabo de comprender esa insistencia en acusar a la Iglesia de imperialisma, dogmática, de intentar imponer sus propias convicciones a todos.
    En primer lugar, la Iglesia propone una serie de convicciones: y tan legítimo resulta proponer que se prohiba el aborto, por ejemplo, con una serie de razones; como a otros les puede resultar legítimo, por ejemplo, proponer que se condene (a lo que sea) a quienes fuman, o a quienes dicen “Lérida” en vez de “Lleida”.
    Además, cuando la Iglesia intenta proponer determinadas convicciones es porque considera que resultan más convenientes a la propia naturaleza del ser humano.
    Se podrá estar de acuerdo o no, pero nadie puede dudar que los argumentos, por ejemplo, del magisterio de Juan Pablo II, se basan en gran parte en la razón: el “no” al aborto viene al entender que es un asesinato (y, por tanto, perjudicial para cualquiera, católico o no); a la experimentación genética con embriones, porque atenta contra la dignidad del hombre (no porque los principios católicos digan no-sé-qué); a las uniones “gays” equiparadas al matrimonio, porque suponen una forma de discriminar al matrimonio, religioso o civil, que tiene una función social y por eso necesita ser apoyado… Etc, etc.
    Es decir, la Iglesia, al defender determinadas posiciones morales no defiende privilegios, defiende al hombre. Sinceramente, si todos siguiesen los principios de la Iglesia todos seríamos más libres, más verdaderos y más buenos. Y más felices. Aunque cueste.

  27. Tetas dice:

    Todo es una basura inmunda

  28. franxavi dice:

    Es curioso que en la mayoia de las cosas tangibles o no, cotidianos o no, materiales o espirituales, políticas o auténticas … queremos que la balanza se incline hacia nuestro lado y así cobijarlo en nuestro seno y con nuestro calor convertirlo en una dimensión universal y verdadero para bien de toda la humanidad. Y erre que erre nos damos cada ost…ón que lo tienen que recomponer las generaciones venideras para vivir en armonia y reconciliación.
    Carajín, carajillo y ¿ por qué no hacerlo ahorita mismo ?. Dar el Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Lo malo que si a Dios le vemos con el triángulo y su ojo centrípeto lo hemos cagado, vamos, que nos caza por todas partes y claro, eso suena a trampa pues lo dicho es más claro que agua.

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