La calle del Hondón, en Valdezate

En apenas un par de horas inicio el camino hacia Valdezate, un pueblecito de la ribera del Duero, en Burgos donde he asentado mi residencia de verano y descanso en los últimos años, ¿saben ustedes?. Allí espero mermar la población de corderos engullendo unos cuantos rebaños de borreguitos este largo puente con que nos regala nuestra nunca bien ponderada presidenta, doña Esperanza Aguirre, a quien Dios conserve la vista muchos años y quite la presidencia a la menor ocasión que tenga. Les cuento esto, amables lectores, para que tengan paciencia en estos días y comprendan que todos, incluso yo, merecemos unos días de descanso y asueto, razón por la cual, y porque en Valdezate no dispongo de conexión a internet ni ordenador personal, no escribiré estos días en esta bitácora. Lógicamente, esto que les acabo de contar les desilusionará, incluso puede ser que durante estos días, su vida pierda sentido. Pero estén ustedes tranquilos, que en unos pocos días vuelvo y les suministro su pildorita diaria de sentido común. Entre tanto, pueden ustedes repasar mi rico y fecundo pensamiento releyendo algunos de mis artículos anteriores. Pues lo dicho, que me piro, vampiro.