Acabo de encontrar esta página cuyo autor ha dejado un comentario en este artículo. Se trata de un interesante análisis de la imparcialidad de El País, realizado por un lector ¿o exlector? del diario de PRISA. Lo he leído y me ha parecido interesante. Sin embargo creo que tiene un poco desviado el punto de mira, puesto que parte de dos presupuestos erróneos: por una parte parecer convencido de que a un periódico, a un medio de comunicación se le debe exigir imparcialidad e independencia, lo cual no es cierto, sencillamente porque es imposible; por otra parte parece que considera que el lector no tiene responsabilidad alguna sobre la información que recibe y asimila, lo cual es evidentemente incierto, más aún hoy día que cualquiera tiene a su disposición una gran variedad de medios que consultar prácticamente sin salir de casa.

Los medios de comunicación están gestionados por sociedades -y entendamos el término en el sentido amplio que puede englobar desde una empresa a una asociación sin ánimo de lucro- y éstas, como tales, tienen intereses. Esto es algo inevitable -además de legítimo-, y pretender que los medios se comporten como si no los tuvieran es una ilusión absurda. Lo que cabe exigir a los medios no es independencia ni objetividad, sino honestidad, es decir, que declaren esos intereses para que el lector pueda conocer el punto de vista desde el que se le informa, y pueda acudir a otras fuentes si quiere una información completa.

En uno de sus libros, Noam Chomsky dice algo muy propio de la izquierda idiota: hablando de “las instituciones ideológicas”, entre las que cabe suponer que cuenta a los medios de comunicación, señala que “mi sentimiento personal es que los ciudadanos de las sociedades democráticas deberían emprender un curso de autodefensa intelectual para protegerse de a manipulación y del control, y para establecer las bases para una democracia más significativa” (Noam Comsky, Ilusiones necesarias. Control del pensamiento en las sociedades democráticas, Libertarias/Prodhufi). Este autor tan admirado por quienes han puesto en marcha medios supuestamente independientes parece pretender con éste y otros juicios similares situar al receptor, al consumidor de los medios en la inocencia y en la falta de responsabilidad respecto de lo que lee y de la información que le llega y que asimila: “los medios no son independientes y se han confabulado con otros poderes para evitar que yo conozca la realidad” parece ser el razonamiento con el que se quiere empujar a los ciudadanos a informarse a través de otros medios que supuestamente sí son independientes.

El receptor es responsable de lo que se traga, porque no basta con denunciar la supuesta falta de objetividad de los medios, como si fuera posible la existencia de un medio de comunicación sin intereses ¿qué es eso de la contrainformación, no hay intereses en ella? ¿Si El País -o el ABC o El Mundo, lo mismo me da- se presentan a sí mismos como independientes, son acaso menos honestos que Sindominio, Indymedia o el Nodo 50, por citar sólo algunos ejemplos de medios que pretenden ser también independientes y evidentemente no lo son?. Los receptores de los medios de comunicación tenemos la obligación y la responsabilidad de enfrentarnos a ellos tratando de situar a cada cual en su sitio y de valorar a cada cual según se merece, sin evadir responsabilidades y teniendo en cuenta que siempre se informa desde una posición interesada, porque la información nunca es neutral.