Heme aquí, a punto de ver la cara de la Verdad, la Bondad y la Belleza a través de un pobre corderito. Y luego hablan de la dictadura del relativismo.

Les engañé a ustedes el viernes. He podido encontrar una conexión. Lenta, pero conexión. Y aquí estoy, preparándoles una pequeña crónica más fotográfica que textual, más gastronómica que cultural y, finalmente más breve que larga, de este mi primer día de puente de la madre trabajadora madrileña. Sea que mis cuñados me llevaban el viernes unas horas de ventaja, así que cuando llegué sólo me habían quedado un par de trozos de pizza para cenar. Y fríos. Suerte que estoy siguiendo una severa dieta, como bien saben ustedes. Así que, al margen de esos trozos de pizza -champiñón, diversos quesos y tomate-, no cené nada. Pero ayer me desfogué, como podrán comprobar ustedes en la foto que acompaña a este breve texto, y engullí todo lo que pude de los dos cuartos de lechazo que pedimos al señor Chuleta -propietario de un restaurante en Roa de Duero cuya visita les recomiendo encarecidamente a la menor ocasión que tengan- mis cuñados y yo. Termino la jornada con el firme compromiso de dejar vivos al menos dos corderitos, uno macho y otro hembra, a efectos de favorecer la conservación de la especie. Lo llamaré Operación Noé.