congreso.gif

Don EPMesa ha preguntado:

Yo es que soy más simple:
¿y por qué “se la pela”? Porque si no sé sus razones no puedo juzgar el tema.

Pues le voy a contestar, hombre, mire. El Debate sobre el Estado de la nación me la pela porque me da la sensación de que no están haciendo política, sino metapolítica, de que están lanzando discursos que en realidad sólo interesan a ellos y a los periodistas, y cuya única utilidad va a ser exclusivamente animar tertulias, columnas y bitácoras.

Evidentemente, unos habrán estado más brillantes e incisivos que otros; evidentemente, estoy de acuerdo con unos de los que han intervenido en el debate y en desacuerdo con otros, y tengo ideas concretas sobre lo que se está discutiendo; pero ¿alguno de los portavoces ha dicho algo nuevo, algo que no le hayamos oído antes miles de veces? ¿Se está discutiendo de algo de lo que no llevemos discutiendo al menos un año? ¿Alguno de los problemas planteados se va a resolver en este debate? ¿Se va a adoptar alguna decisión que cambie en algo las cosas o que influya en nuestras vidas. No, no, no y no.

En el seno de una sociedad que es un medio de comunicación en sí misma, en la que yo estoy escribiendo ahora esto, y en la que cualquiera me puede responder al instante desde cualquier rincón de nuestra amada nación; en una sociedad cuyos avances tecnológicos nos permiten contactar directamente con quienes nos gobiernan, con la oposición y en la que podemos transmitir de manera instantánea nuestras ideas a los ciudadanos que quieran conocerlas, sin la mediación de los medios de comunicación, valga la redundancia, el debate sobre el estado de la nación pierde buena parte de su sentido, porque está permanentemente en debate la propia sociedad. Desde hace años cientos de bitácoras como ésta, miles de portales de internet y foros, y millones de ciudadanos a través de sus pantallas están en un permanente debate.

Así, el espectáculo político al que hemos asistido estos días, al que estamos asistiendo aún, se queda en eso, en un simple espectáculo (eso sí, de divos y divas), en el pistoletazo de salida para una escalada de calentamiento global de la política española que, no vamos a negarlo, permite a los medios de comunicación llenar con gran facilidad los huecos que la publicidad les deja libres.

Y claro, pues me la pela.

Y luego, que Rajoy es muy desagradable.

Venga... meta ruido por ahí