Plantea Hayek, en un comentario en este mismo blog una cuestión que me parece sumamente interesante:

Pero cuidado con quienes dicen que la objeción no cabe en ningún caso, puesto que entonces, si hubiese pena de muerte (lo que podría pasar y ser plenamente democrático, por más que a algunos nos parecezca aberrante), todo funcionario que le tocase debería apretar el botón correspondiente.

No me refiero al tema de la pena de muerte en sí, ni al de si los funcionarios encargados de ejecutarla estarían legitimados para objetar a esta obligación. Mi pregunta es: ¿puede la pena de muerte, como señana Hayek, ser “plenamente democrática“?

Habría sin dida que tener en cuenta dos cosas. La primera, relativa al procedimiento: sin duda, una reforma constitucional podría dar lugar al restablecimiento de la pena de muerte, y hacerse todo de acuerdo al procedimiento marcado en nuestro ordenamiento constitucional. Pero habría que tener en cuenta una segunda cosa: la irreversibilidad. Y es que es posible que se siga escrupulosamente el procedimiento para su regulación. Pero luego, a la hora de aplicar la nueva pena, se estaría cometiendo de manera potencial y permanente una gran injusticia, a partir de la imposibilidad de dar marcha atrás en el caso de que se cometa un error. Es imposible establecer un procedimiento que garantice suficientemente que no se van a cometer errores. No olvidemos que en una parte muy importante democracia es procedimiento y garantía, así que mi pregunta es: en estas condiciones,¿puede ser plenamente democrática la pena de muerte?

Venga... meta ruido por ahí