¿Puede la pena de muerte ser democrática?

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Plantea Hayek, en un comentario en este mismo blog una cuestión que me parece sumamente interesante:

Pero cuidado con quienes dicen que la objeción no cabe en ningún caso, puesto que entonces, si hubiese pena de muerte (lo que podría pasar y ser plenamente democrático, por más que a algunos nos parecezca aberrante), todo funcionario que le tocase debería apretar el botón correspondiente.

No me refiero al tema de la pena de muerte en sí, ni al de si los funcionarios encargados de ejecutarla estarían legitimados para objetar a esta obligación. Mi pregunta es: ¿puede la pena de muerte, como señana Hayek, ser “plenamente democrática“?

Habría sin dida que tener en cuenta dos cosas. La primera, relativa al procedimiento: sin duda, una reforma constitucional podría dar lugar al restablecimiento de la pena de muerte, y hacerse todo de acuerdo al procedimiento marcado en nuestro ordenamiento constitucional. Pero habría que tener en cuenta una segunda cosa: la irreversibilidad. Y es que es posible que se siga escrupulosamente el procedimiento para su regulación. Pero luego, a la hora de aplicar la nueva pena, se estaría cometiendo de manera potencial y permanente una gran injusticia, a partir de la imposibilidad de dar marcha atrás en el caso de que se cometa un error. Es imposible establecer un procedimiento que garantice suficientemente que no se van a cometer errores. No olvidemos que en una parte muy importante democracia es procedimiento y garantía, así que mi pregunta es: en estas condiciones,¿puede ser plenamente democrática la pena de muerte?

11 Responses to "¿Puede la pena de muerte ser democrática?"
  1. Zeppo dice:

    ¿Cómo no va a ser democrática la pena de muerte? ¿No fue democrático el franquismo tan añorado por los neoliberales (arqueofranquistas)y que tuvo el placer de ser uno de los genocidios más incruentos del siglo XX? El problema de Hayek es sencillo: quien piensa distinto, no juega. Si a mi me obligan, ya me vengaré.Lecciones de democracia por parte del nazi onal catolicismo, las justas y en pistola. ¡Señor, danos paciencia!

  2. Hayek dice:

    Contestemos a D. Ricardo, amable autor de esta página, y no a ciertos individuos incapaces de leer y razonar, visto lo visto. ¿De dónde ha sacado este personaje material para tal retahila de despropósitos? En fin.

    La democracia es un sistema de gobierno en el que interviene el pueblo, o más exactamente, la mayoría marca las pautas legales y consecuentemente ejecutivas.

    Así, sería perfectamente democrática una ley que estipule la pena de muerte, pues estaría refrendada por la mayoría; asunto distinto es que la consideremos legítima.

    Y aquí ya entra la fuente de legitimidad. La democracia es un método, no un fin. La legitimidad no se adquiere en base a cuantas personas estén de acuerdo, sino analizando si se respetan derechos éticamente objetivos, que han de ser inviolables.

    La vida la es, pero también la libertad y no por ello la privación de ésta en determinados momentos es ilegítima (penas de cárcel). O la propia muerte si es en defensa propia, por ejemplo. En consecuencia, deberíamos, creo yo, tener en cuenta la proporcionalidad, y en este caso concreto, el hecho de que sea irreversible, para mí la hace rechazable sin más

    Pero es muy habitual no hacer esta diferenciación, y utilizar a las mayorías como legitimadores de ciertas medidas, lo que es muy peligroso, como muestra este caso.

    No equivoquemos las cosas, pues. Algo puede ser democrático y ser plenamente rechazable o incluso absolutamente ilegítimo, con lo que sería lícita la desobediencia civil.

    ¿Acaso no llegó Hitler al poder mediante las urnas?

    Un saludo.-

  3. RicardoRVM dice:

    A ver, amigo Hayek, varias cosas:

    1.- Zeppo es un maestro de la ironía. No tome nunca al pie de la letra lo que dice. Si se pasa habitualmente por aquí lo irá conociendo, aunque es cierto que la primera impresión suele ser chocante.

    2.- Básicamente estoy de acuerdo con su razonamiento, salvo en una cosa: desde mi punto de vista, la legitimidad no la da la mayoría, ni la da contenido objetivo alguno, sino el procedimiento. La democracia no es, desde mi punto de vista más que un conjunto de reglas del juego aceptadas por todas las partes. Estas reglas determinan cómo se han de hacer las cosas. Si las cosas se hacen de acuerdo a ellas, tiene legitimidad. Si no lo hacen, no la tienen.

    Por otra parte, hay una especie de legitimidad histórica. Sistemas que tuvieron legitimidad en el pasado no la pueden tener hoy: la humanidad no puede hoy renunciar a la libertad conseguida aunque tuviera voluntad para ello. y no podemos juzgar a quienes vivieron en el pasado, en diferentes contextos políticos y culturales que nosotros, por no actuar de acuerdo a nuestros principios actuales. Así, si en un tiempo pasado la legitimidad procedía de Dios, hoy eso sería inaceptable aunque la mayoría se pusiera de acuerdo para ello.

    Por estas dos razones (legitimidad de procedimiento y legitimidad histórica) el hecho de que Hitler llegara al poder mediante las urnas no justifica nada. ¿Por qué?. Por una parte, porque una vez que llegó al poder destruyó el sistema político saltándose las reglas del juego establecidas en la constitución de Weimar (obsérvense las semejanzas con Fujimori o, salvando las distancias, con el Plan Ibarretxe). Por otra parte, porque al implantar un régimen en el que los valores de la libertad y la igualdad estaban proscritos, perdía la legitimidad histórica.

    3.- En cuanto a la desobediencia civil sólo le puedo decir una cosa; yo he sido desobediente civil, y en su momento lo hice convencido. Hoy tengo muchísimas dudas sobre si es legítima la desobediencia civil en democracia, porque no deja de ser una violación de las reglas del juego dependiente de algo tan subjetivo como la conciencia.

  4. Anónimo dice:

    Hayek, pones un ejemplo nefasto: si hubiese pena de muerte el funcionario verdugo tendría que actuar, sería su deber, efectivamente. Lo que pasa es que a nadie le obligarían a ser vergudo. Podrías aplicar el mismo cuento a los funcionarios ante el matrimonio homosexual: el que tenga reparos siempre puede optar por dimitir y no ser funcionario.

  5. Hayek dice:

    Anónimo, a ver si leemos, que resultáis cansinos algunos. He comenzado diciendo claramente que la objeción de conciencia en ese tema me parece una memez. Mucho más que en la pena de muerte, pues en este último caso al apretar el botón (no es más que un símil) sí eres sujeto activo de un hecho.

    Así que búscate otro molino para luchar, que en este tema no estoy de acuerdo, por decirlo suavemente, con la jerarquía de mi Iglesia.-

  6. Hayek dice:

    Ricardo:

    1) No he percibido ironía alguna en Zeppo, pero en fin, allá él.

    2) Se contradice usted, amigo Ricardo, o yo no le he entendido bien. Si la legitimidad la da el procedimiento y éste viene marcado por la mayoría, volvemos al punto de inicio. Tiene que haber algún criterio que marque esas reglas.

    En ese sentido, me parece muy acertado lo que comenta sobre la historia. Hayek lo llamaba evolución social o histórica; ciertas instituciones se van formando espontáneamente y van evolucionando según el criterio LIBRE de los individuos. Vease el propio concepto de familia o pareja, que evoluciona sin necesidad de sanción estatal. Pero cuidado, no nos desviemos luego. ¿Quién decide lo que ahora es asumible o no lo es? Los individuos, de forma libre, interactuando, no un Estado a través de unas mayoría que bien podrían pisar derechos individuales.

    Pero cuidado, no todo lo surgido evolutivamente tiene que ser necesariamente ético y asumible. Hay que complementarlo. Y para mí está claro: Todo INICIO de agresión es ilegítimo. Por eso mi antiestatalismo. Y ése es el principio rector.

    Precisamente porque como usted dice los criterios son cambiantes, no puede uno apelar pues a las reglas del juego, salvo que sea algo tan básico como el respeto a la vida y la propiedad (perdón por la redundancia) ajena.

    A mí me merece un repudio absoluto cualquier ataque en ese sentido, sea ahora o hace mil años.

    3) Volvemos al punto fatídico de nuevo. No sacralicemos la democracia, o todo lo dicho no sirve de nada. Ninguna mayoría, ninguna democracia, puede hacer que un individuo actúe en contra de su libre voluntad mientres respete a los demás. Porque en caso contrario, deviene en lo que Hayek llamaba “democracia totalitaria”.

    Un saludo cordial.-

  7. Anónimo dice:

    Hayek yo lo que dije lo dije para rebatir lo que Ricardo había puesto en la entrada como cita tuya. Es indiferente que que tú estés a favor o no. En esa cita dices que ante la pena de muerte no cabría objeción. Y yo rebato eso diciendo que no se le obliga a nadie escoger de profesión verdugo, así que el que tenga problemas de conciencia puede no dedicarse a eso. Y después digo por extensión, ya que está en el candelero y me supongo que todo esto habrá nacido a consecuencia de ello que el que tenga problemas de concienca para casar a homosexuales lo tiene también muy fácil: escoge otra profesión que no le permita llegar nunca a alcalde, concejal o juez. Es muy simple y fácil cumplir con la conciencia y la ley a la vez.

  8. Hayek dice:

    Pues no sé qué rebates entonces, porque eso mismo digo yo, aunque matizando un poco más.

    Lo de la pena de muerte lo indiqué porque estoy seguro de que muchos críticos actuales apelarían a la desobedincia civil en ese caso.

    Un saludo.-

  9. Hispanicus dice:

    Estoy en contra de la pena de muerte, de cualquier tipo, nadie es nadie para decidir sobre la vida de otra persona. Ahora bien, me gustaria que me explicaran como estas personas, normalmente de ambientes progres e izquierdistas que estan en contra de la pena de muerte, estan a favor del aborto.

    El aborto es pena de muerte tambien, aunque algunos no quieran verlo asi, el aborto , la eutanasia. Dejemos de ser hipocritas. Desde julio 1985 mas de 750.000 personas han sido asesinadas mediante el aborto, ¿que pasa? ¿a estos no los defiende nadie?

    Un saludo

  10. Anónimo dice:

    Sr. Hispanicus:

    En cierto modo, estoy de acuerdo con usted: nadie debe decidir sobre la vida de otra persona. Pero ¿acaso no decide de manera cruel y brutal toda esa gente que asesina, mata y hace sufrir? ¿No es eso influir de modo conclusorio en la vida de los demás? Yo estoy en contra de la pena de muerte, pero no me fundamento en su argumentación.

    Y respecto al aborto y a la eutanasia, creo que hay muy visibles disparidades en cuanto a la pena de muerte. El tener un hijo conlleva ciertas obligaciones y responsabilidades, es decir, implica un cambio notorio en la vida de cualquier persona. Si estos no pueden ser admitidos, y mientras el engendro dependa de su madre, no veo razón para rechazar el aborto.

    Por último, personalmente creo que hay que defender el derecho a la vida, pero no la obligación de vivir. Si una persona decide de modo racional y definitivo que no quiere mantenerse vivo, adelante.

    Saludos.

  11. Hispanicus dice:

    Hombre, creo que matar a una persona por que no “conlleve ciertas obligaciones y responsabilidades” me parece de lo más abominable. Lo que ud. llama engendro, yo lo llamo ser humano y dependa o no de su madre , nadie le puede quitar su humanidad, lo contrario es engañarse para no sentirse culpable. Nadie tiene potestad para acabar con una vida humana, nadie, sea cual sea el estadio de formación en el que esa vida se encuentre.

    Un saludo

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