Firma en defensa de la filosofía

Estoy convencido de que la introducción de las contenidos “transversales” en los programas educativos fue un acierto, porque venía a reclamar para la enseñanza la responsabilidad de la formación de nuestros jóvenes no sólo en lo que a conocimientos materiales se refiere, sino también en cuanto ciudadanos. Responsabilidad, sentido cívico, ética ciudadana pasan a convertirse en contenidos obligatorios en la escuela, y en todas las materias. La formación moral de nuestros jóvenes como ciudadanos deja de depender de la voluntad, de la buena disposición y de la orientación ideológica de cada profesor, para formar parte del plan de estudios.

Sin embargo, la presencia de estos contenidos transversales no debe hacerse en detrimento de los contenidos materiales. Las materias en las que están los contenidos tradicionales de la educación -historia, ortografía, filosofía, por citar algunos ejemplos- no deben perder importancia. Es cierto que hay que enseñar a los jóvenes a desenvolverse en el mundo de hoy, pero también deben comprender el mundo en el que viven y ser capaces de analizarlo de manera crítica, y para ello es principal la adquisición de ciertos conocimientos. ¿Cómo es posible entender nuestra Europa actual sin conocer los principios ilustrados, y cómo es posible conocer éstos sin entender la importancia que tuvo la Iglesia en el pasado? ¿Se puede desenvolver un ciudadano español en la actualidad sin saber cómo se formó el estado español, sin comprender los antecedentes medievales?. Quizás si todos nuestros políticos conocieran la historia de España, podríamos ahorrarnos ciertos debates estériles.

¿A ustedes el estudio del imperativo categórico y de la moral kantiana no les abrió los ojos? A mí sí. ¿Cómo sabemos las cosas? ¿Cómo podemos ordenar nuestro mundo para no vivir en un sinsentido? Yo no retengo en mi cabeza todo lo que aprendí estudiando filosofía e historia de la filosofía en el bachillerato décadas atrás, pero puedo asegurarles una cosa: de no haberlo hecho, hoy mi vida sería un caos, y yo sería infeliz.

Todo esto viene al caso de que parece que hay un anteproyecto para limitar la presencia de la filosofía en los planes de estudios de la E.S.O y del Bachillerato. Desde mi punto de vista sería un error, por las razones antedichas: es principal enseñar a nuestros jóvenes a ser ciudadanos, pero sin unos conocimientos elementales de filosofía -qué es la filosofía y qué ha hecho la filosofía a lo largo de la historia- nuestros jóvenes nunca serán ciudadanos, sino súbditos: conocerán al dedillo la educación vial, sabrán cómo hacer frente a las emergencias sanitarias que se encuentren a su paso, tendrán mucho cuidado para emplear siempre un lenguaje políticamente correcto, y colaborarán con una ONG o dos, pero serán incapaces de desarrollar un pensamiento estructurado, global y crítico. Es decir serán súbditos disciplinados

Francamente, me importa poco cómo se llame la asignatura -y ustedes me perdonarán por emplear esta palabra que creo que es poco querida entre la secta que manda ahora en el profesorado-, pero creo que los contenidos que ahora tiene las materias de filosofía, historia de la filosofía y ética deben mantenerse, como mínimo con la importancia que tienen ahora, y deben impartirse por profesores formados en ellas. Por esta razón, he decidido estampar mi firma en defensa de la filosofía como asignatura obligatoria en nuestro sistema educativo.

Venga... meta ruido por ahí



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