Un día de hace ya algunos años, Nicolás Castellanos, obispo de Palencia, cargado de madurez y razón, dejó su diócesis y aventuró su ministerio en uno de los países más pobres de América, Bolivia, cuyo drama social hemos conocido mejor estos días con motivo de las revueltas populares. Como no podía ser menos, esa evangélica aventura le ha permitido a monseñor Castellanos sentirse venturoso.

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