La calor aprieta, damas y caballeros. Eso quiere decir que está todo muy jodío, y que no puedo resistir la tentación de atacar a una de mis bestias negras, aún a sabiendas de que ello, probablemente, redundará en su beneficio y de que yo seré acusado una vez más, de ser enemigo de las libertades y amigo de la antiespaña y de la masonería. Eso, si no me acusan también, de ser projesuita o algo peor. Acepto con gusto los cargos si con ello libero un poco de la mala leche en que me tiene sumido la canícula.

Me envía mi desconocido amigo Carles -su apellido lo oculto por evitarle disgustos, más si él quisiera que lo publicara, con mucho gusto lo haría- la advertencia de que lea un antiguo artículo (12 de marzo de 2004) del pobre Federico en Libertad Digital, y me pide que me fije en el tercer párrafo, y yo que soy desobediente, pues me fijo también en el segundo. Tiene gracia la cosa, que el mismo don Federico que hoy acusa al Gobierno legítimo de España de todo tipo de iniquidades, entre ellas la mentira, pidiese al anterior ejecutivo con tanto descaro que mantuviese la mentira; como tiene gracia la cosa de que quien acusa al Gobierno legítimo de España de manipular políticamente a las víctimas del terrorismo, exigiese al ejecutivo anterior, cuando los cadáveres no es que estuvieran sin enterrar, sino que aún no habían sido reconocidos, que los aprovechara con indigno ventajismo para sacar un rédito electoral inmediato. Consa que por cierto hicieron Aznar y el miserable todo lo que pusieron. Tiene todo ello mucha gracia.

Como tiene gracia la cosa de que quien anda intentándose hacer pasar por el campeón de las libertades, quien atacada cada mañana al equipo cuyas reformas van a conseguir que por fin RTVE se rija por criterios profesionales y no políticos, acuse al anterior gobierno y a la anterior dirección de TVE de que los reporteros que informaron entre los días 11 y 15 de marzo del años 2004 lo hicieran “sin guión político“. Si el pobre Urdaci tuviera tiempo, entre libro y libro, de repasar las ocurrencias del pobre Federico, no daría crédito.

Debe ser el calor, que no me entero de nada.

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