Izquierda Unida Verds y Esquerra Republicana de Catalunya quieren que el Gobierno se dé prisa en la aprobación de la ley de memoria histórica, mientras que Fernández de la Vega anuncia que necesitan más tiempo porque el asunto tiene más complejidad de lo que pareccía inicialmente. Si las dificultades son técnicas, económicas o, en general, de índole no política, harán bien IU-V y ERC en darle más tiempo al gobierno para que al final salga una buena Ley y se consiga cerrar esas viejas heridas que dice el PP que quieren abrir el Gobierno y sus socios. Sin embargo, si se trata simplemente de ganar tiempo ante las presiones del PP, según el cual este tema no interesa a nadie, o de no soliviantar a la extrema derecha, entonces no hay razón para aplazar su aprobación.

No creo que el gobierno y los partidos que apoyan la elaboración de esta Ley quieran reabrir viejas heridas, viejas heridas que, por cierto, no sería necesario reabrir si la derecha no se hubiera sublevado en 1936 contra el gobierno legítimamente establecido y si no hubiera puesto en marcha el proceso de represión que todos conocemos, a pesar de los intentos de los revisionistas históricos y del diario El Mundo por ocultarlo y camuflarlo.

Parece que una de las razones que esgrime el Gobierno para reclamar más tiempo para la elaboración de la Ley es que se plantea qué hacer con las víctimas de la represión en la zona republicana. Negar que existiera esa represión es absurdo. Hubo represión y se cometieron excesos en el bando republicano. Y lo que tiene que hacer el actual Gobierno de la Nación, que es el sucesor legítimo de los legítimos gobiernos republicanos, es reconocer las injusticias que se pudieran haber cometido y repararlas en la medida de lo posible. Como se hace habitualmente, en democracia, cuando alguien -un atracador, un narcotraficante, o un inocente- muere a manos de un policía torturador y la administración resulta ser responsable de los daños o víctimas causados: se abre un expediente, se inicia un proceso y si se halla responsabilidad, se repara. No debería ser más problemático el asunto.

Lo que no se puede hacer es comparar los excesos que una democracia debilitada pueda cometer cuando su propio ejército se ha alzado en armas contra ella ante la indiferencia de las democracias occidentales y con la asistencia de las dictaduras fascistas que en aquel momento estaban en pleno apogeo, con el proceso sistemático, diseñado y declarado de exterminio de media España que se prolongó durante los tres años que duró la guerra y al menos hasta una década más tarde.

Es preciso que nuestra democracia reconozca el sacrificio de quienes defendieron las libertades en España en el año 1936; es preciso que se reconozca el valor de los que permanecieron leales al gobierno legítimamente constituido; es preciso que se reconozca también el sacrificio de los que, durante la dictadura empeñaron su vida, su patrimonio, su seguridad en la lucha por el restablecimiento de la democracia; es preciso reparar -aunque sólo sea moralmente- los daños causados a miles de familias que se vieron privadas de sus seres queridos porque perdieron sus vidas o porque las pasaron en las cárceles franquistas. En definitiva, es preciso restaurar la honorabilidad de varias generaciones de españoles que lucharon primero por defender la democracia y después por restaurarla. Es preciso que la propia democracia, el estado, los reconozca como su misma semilla y les agradezca institucional y solemnemente su sacrificio y su entrega. Porque ellos tenían razón.

Además, habrá que reparar las posibles injusticias que se cometieran en plena guerra civil, en la zona leal. Pero teniendo siempre presente que nuestra democracia debe su existencia a quienes fueron víctimas de la represión franquista, mientras que los otros luchaban, precisamente, para evitar que España siguiera siendo democrática, para evitar, en definitiva, que hoy los españoles pudiéramos vivir en libertad.

NOTA: Si no lo han hecho ustedes a través del link que hay más arriba, lean este magnífico artículo de Javier Tusell sobre El revisionismo histórico.

Venga... meta ruido por ahí



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