El 11-S de la dignidad (y 2)

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Hace tres años, unos salvajes atentados terroristas acabaron con la vida de varios miles de personas en el World Trade Center de Nueva York. Las Torres Gemelas pasaron a la historia como consecuencia del choque de dos aviones comerciales, llenos de viajeros anónimos, secuestrados por sendos pilotos suicidas a las órdenes de Al-Qaeda. Aquello conmocionó al mundo y la conmoción se vio multiplicada por el hecho -tan de moda últimamente- de que los atentados fueron transmitidos en directo por la televisión a todo el mundo. Desde aquel día no hay 11 de septiembre, sino 11S.

El 11 de septiembre de 2001 fue el 11S de la sorpresa. Sorpresa de un pueblo acostumbrado a ver con mirada indiferente cómo su ejército interviene constantemente en los asuntos internos de otros pueblos; sorpresa de un presidente arrogante e iletrado que se consideraba a salvo de ataques extranjeros sobre su territorio; sorpresa de unos servicios de información ocupados en vigilar la actividad de gobiernos extranjeros que no fueron capaces de prevenir los ataques; sorpresa, en definitiva, de una nación representada por un águila con dos cabezas: una picotea por todas partes mientras la otra mira para otro lado.

Pero hay otro 11S desde hace 32 años. Es el 11S de la dignidad, un 11S en el que los servicios secretos norteamericanos tuvieron un papel importante: fue el 11 de septiembre de 1973, día que se produjo en Chile el golpe de estado contra el gobierno democrático y legítimo de Salvador Allende y que dio lugar a una larga dictadura durante la que la represión y la barbarie se hicieron con el control de la única nación con tradición democrática del cono sur.

Esta mañana trajimos a esta bitácora el último discurso de Salvador Allende, el Presidente de la República de Chile que pagó con su vida la lealtad a la democracia, a la libertad y a su pueblo; el Presidente de la República que supo ganar limpiamente las elecciones y, respetando la Constitución y las Leyes, fue capaz de iniciar un proceso de profundización democrática y avance social que sólo pudo ser truncado mediante el bombardeo aéreo del Palacio de la Moneda; el Presidente de la República que -prácticamente solo, con su pueblo secuestrado por los generales golfos- supo cuándo había llegado el momento de tomar las armas con sus propias manos y defender a tiros la libertad de su patria.

Hoy, 32 años después, ciudadanos de todo el mundo escuchamos -no sin cierta emoción- el “metal tranquilo“, pero triste, de la voz de Salvador Allende en su último y ejemplar discurso y le damos la razón al recordarle como “un hombre digno, como un hombre que fue leal“, no así sus verdugos, no así sus asesinos que se retuercen en su verdadera o falsa enfermedad, en su verdadera o falsa demencia senil, cobardes, huidizos, protegidos de la acción de la justicia por algunos cuyo nombre no quiero recordar, y que al final han sido empapelados por lo que verdaderamente fueron: unos ladrones. Al final, Pinochet, su familia y toda su cuadrilla están siendo procesados por fraude fiscal y por corrupción, es decir, por robar a su pueblo.

Hoy, 32 años más tarde, tanto en Chile como en España podemos decir que “las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor” ya se han abierto. Y si no vivimos en el mejor de los mundos posibles, al menos podemos trabajar en libertad para construirlo. Gracias, entre otros al Presidente Salvador Allende y a su sacrificio.

11 Responses to "El 11-S de la dignidad (y 2)"
  1. Gracias, Ricardo. Me has emocionado.

  2. Caramba, qué responsabilidad.

  3. EPMesa dice:

    “El 11 de septiembre de 2001 fue el 11S de la sorpresa. Sorpresa de un pueblo acostumbrado a ver con mirada indiferente cómo su ejército interviene constantemente en los asuntos internos de otros pueblos; sorpresa de un presidente arrogante e iletrado que se consideraba a salvo de ataques extranjeros sobre su territorio; sorpresa de unos servicios de información ocupados en vigilar la actividad de gobiernos extranjeros que no fueron capaces de prevenir los ataques; sorpresa, en definitiva, de una nación representada por un águila con dos cabezas: una picotea por todas partes mientras la otra mira para otro lado.”
    Y más cosas don Ricardo. Porque mientras Francia se había rendido a los nazis sin disparar, mientras Europa, oh Europa, sopesaba, con la heroica excepción de Inglaterra, cómo negociar con la barbarie, un grupo de soldados de ese pueblo representados por, según usted, el águila que mira, cómo era, ah sí “a otro lado o rapiña” desembarcaba en Normandía para devolver la libertad y la civilización.
    Pero eso no puede entrar en su discurso porque entonces empienzan los matices y con ellos la duda ante el dogmatismo.
    En fin, que no decaiga.

  4. Don EP, es usted la monda. Me habrá oído usted defender la actitud de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo en innumerables ocasiones y si en alguna parte intenta usted hacerme pasar por antiamericano, estárá usted obrando de mala fe, porque sabe no sólo que no lo soy, sino que admiro buena parte de la historia de los Estados Unidos de América, cuya revolución ha pasado a la historia en segundo plano con respecto a la francesa desde mi punto de vista injustamente.

    Señala Kissinger en sus memorias que la diplomacia norteamericana tiene dos tradiciones: una, la que mira hacia fuera y pretende exportar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad fuera de sus fronteras; la otra la que se preocupa poco de lo que ocurre fuera de los EEUU, y pretende vivir de espaldas al mundo. Creo que desde la segunda guerra mundial se ha impuesto la segunda, eso sí, dispuesta a intervenir en el extranjero, no tanto para exportar los ideales antedichos, como para controlar aquellas zonas del planeta en las que tienen intereses.

    Pero del mismo modo que soy español y estoy bien orgulloso de ello, por más que les pese a muchos, y me avergüenzo de buena parte de nuestra historia -o mejor de los que la hicieron posible- no toda la historia de los Estados Unidos me parece igual de admirable.

    Sin embargo este catálogo de admiraciones, que no creo oportuno seguir detallando, puesto que no se trataba más de que de ilustrar la idea que pretendo desarrollar, no impide ver que la política exterior de los Estados Unidos de América desde que murión el gran hombre que lo fue Franklin Delano Roosevelt, ha sido un intento detrás de otro de intervenir en asuntos internos de países soberanos.

    Y por cierto, llegados a este punto, me gustaría señalar dos cosas:

    1.- Hoy todavía se recuerda a los españoles nazis que fueron a Rusia a luchar contra el comunismo, pero cuando llega el 6 de junio de cada año, no recuerdo yo que se miente a los soldados españoles del ejército republicano que desembarcaron en Normandía encuadrados a las órdenes de militares británicos.

    2.- Tampoco veo que se recuerde que los Estados Unidos de América -muerto Roosvelt- no mostraron la más mínima intención de derrocar la terrible dictadura cuartelera que asolaba a nuestra amada patria por aquellos años.

    Volviendo al tema principal: lo que se pretende hoy es recordar a Salvador Allende, un ejemplo de civismo y un demócrata.

  5. Suleo dice:

    Me deja usted perplejo sr. Royo, pero a la vez satisfecho.
    Salud.

  6. Suleo dice:

    En el sentido amplio y bondadoso de la susodicha palabra.

  7. Antonio Flórez dice:

    Señor EP Mesa:

    Ese sumario que Ud hace sí que carece de intención alguna de matiz. Los gobiernos europeos de entonces, efectivamente, se dedicaron a contemporizar con Hitler, y no en el momento en que este comenzó su ofensiva militar, sino desde antes. Y da la casualidad de que fue precisamente el gobierno inglés el que más se destacó por su capacidad de contemporización (con Chamberlain a la cabeza), pasando por alto todas las reivindicaciones hitlerianas sobre los Sudetes y todas las continuas provocaciones nazis al respecto de sus reivindicaciones territoriales.

    El gobierno de Estados Unidos no se pronunció tampoco en esa fase. Estados Unidos se movilizó sólo cuando encontró un “casus belli” en el hundimiento de algunos barcos mercantes de su nacionalidad/bandera. Un requisito (el casus belli) que posteriormente ha descubierto que es tan impresicindible que, si no lo tiene, se lo inventa. Pero, desde luego, ni las persecuciones nazis a las organizaciones y militantes de la izquierda, en primer lugar, ni posteriormente a los judíos, fueron valoradas por el gobierno norteamericano de la época como justificación suficiente para declarar la guerra a la Alemania de Hitler cuando esta inició la ofensiva militar.

    Entre ese primer momento de la Segunda Guerra Mundial y el desembarco de Normandía pasó… casi toda la propia guerra. Una guerra en la que murieron tantos cientos de miles de europeos (ninguno de los cuales fue miembro de los gobiernos que habían contemporizado previamente con Hitler), que la indeseada y abundante aportación en cadáveres que ese “grupo de soldados” norteamericanos hizo al esfuerzo militar, no consigue descollar por encima de las otras aportaciones.

    Parece Ud. un pelín reticente a otorgar el aprobado en heroismo a los franceses de la época, debido a que no salieron en manadas a las carreteras para entregarse a una orgía de sangre dejándose aplastar por las cadenas de los tanques alemanes. No se preocupe, la sangre que no dieron en ese primer momento la pusieron después las y los miembros de la Resistencia dando la cara ante la Gestapo, cosa que ni los norteamericanos ni los ingleses, en general, tuvieron que hacer (de lo cual me felicito por ellos, no se lo reprocho).

    De nuevo, como en el caso del comentario sobre el golpe de Estado en Chile, se hace un juicio de valor probablemente ofensivo sobre la carne que gente de otra época puso en el asador a la hora de enfrentarse con la barbarie.

    Siempre he sido defensor del derecho a juzgar las actitudes y decisiones políticas del pasado, las tomara quien las tomase; pero no me ocurre igual con las actitudes personales, el sacrificio y el heroismo de las personas. Eso es algo que no creo que nadie deba juzgar desde el presente hacia el pasado.

  8. Hernan Velasquez dice:

    Ricardo,me parece super bueno recordar lo nefasto de la actual administracion de Busch y ademas recordar aquel lejano 11 de 1973 donde innegablemente el gobierno norteamericano y el señor Henri Kissinger (PREMIO NOBEL DE LA PAZ)estuvo metido hasta el cuello en el golpe militar de Chile ya que por ser el unico gobierno socialista que llegaba al poder en forma democratica en esos años,se convertia en un peligro para el control que siempre EEUU a querido tener en la region,muchas traiciones se dieron en ese entonces, pero ademas terrible es la secuela que dejo en personas como yo ,que vivimos nuestra niñez o nuestra juventud en dictadura,este es un tema que si te interesa podriamos comentar mas adelante,por otro lado me interesa hablar de el ataque a las torres gemelas y decirte que la familia Busch y la casa blanca estan muy ligados a la familia Bin Laden y que de hecho eljefe de la cia ademas de ex presidentes norteamericanos han estado vinculados con los negocios de las petroleras que tambien manejan los Bin Laden,estas dos familias tienen mucho mas en comun de lo que se sabe.bueno,nose a donde va ha llegar este comentario pero espero que lo leas hasta pronto

  9. Pepe dice:

    Bueno, ya que se habla también de la II Guerra Mundial, podríamos mencionar el pacto germano-soviético.

  10. Pablo dice:

    Algunos intentan todavía hacernos creer que fueron los EEUU los que nos salvaron del nazifascismo europeo de los años 30-40, cuanto daño han hecho a la historia películas como “Salvar al soldado Ryan” y series como “Hermanos de sangre”. Dejando a un lado la vergonzosa aptitud de los EEUU con los nazis y sus negocios sucios y también dejando de lado la vergonzosa aptitud de los EEUU con muchos criminales de guerra nazis acabada la Guerra. Le recordaría a EPMesa que el desembarco de Normandia no dejo de ser una ejercicio de distracción si lo comparamos con batallas como las de Moscu en 1941, Stalingrado 42-43 o Kursk 43. Recordarle también que tal desembarco hubiera sido un fracaso sino hubiera sido por la heroica resistencia francesa, muchos de ellos socialistas y comunistas. Que hubiera sido un fracaso si la mayor parte de las fuerzas nazis no hubieran ya sido destruidas en la URSS. Francia lucho heroicamente hasta que fue arrollada por la superioridad nazi, pero el papel de la resistencia es para quitarse el sombrero como ya bien te recuerdan arriba.

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