CatalunyaYomismo, uno de mis más fieles lectores, pero también uno de los más misteriosos y desconocidos, me platea en uno de los comentarios a mi artículo ¿Se puede colaborar con los nacionalistas? qué ocurriría si logra mayoría absoluta en Cataluña un partido político que llevase en su programa electoral como punto número uno la independencia del resto de España. Por alguna razón que se me escapa, piensa Yomismo que no le voy a responder o que lo voy a hacer con evasivas. Pues no. Porque, como yo no soy nacionalista, ni español ni de ninguna otra marca homologada, pues no me dan miedo estas cosas. Si acaso un poco de pena.

El comentario de Yomismo al que quiero responder con esta nota es el que sigue a continuación:

Amigo Ricardo:

No sé que quiere que le diga. Le propondré un caso de política ficción, aunque me responderá -ya lo sé- que no es nada probable. Pongamos que en las elecciones autonómicas del 2012 ERC (u otro partido) se presenta con un programa en el que se plantee como punto número uno la independencia de Cataluña. El debate electoral se centra en esa cuestión y finalmente ERC saca el 60% de los votos y 90 diputados del Parlament. Al cabo de un mes, en aplicación de lo prometido en el programa electoral se convoca un referéndum con todas las garantías democráticas en el que plantea al pueblo catalán la siguiente pregunta: “¿Acepta usted la proclamación inmediata de la independencia de Cataluña?”. Pongamos que el resultado es “Sí: 62%”, “no: 38%” con una participación del 85%. ¿Cuál sería su posición, amigo mío? ¿Acusar al Parlament de antidemócrata por violentar el procedimiento (harto tortuoso) establecido por la constitución española? Le aseguro que si en Quebec se diera una circunstancia semejante, el gobierno canadiense les otorgaría inmediatamente la independencia dijera lo que dijera su constitución.

Y le contesto con mucho gusto, pero aclaro antes que lo que respondo es lo que yo pienso que se debería hacer, y lo que yo haría en caso de ser responsable de un partido político con presencia parlamentaria y que, por lo tanto debiera intervenir en el proceso.

Si se diera el caso de que en Cataluña ganase las elecciones con una mayoría suficientemente contundente un partido que propusiese la independencia de España, o que, de cualquier otra forma fehaciente, se pusiese de manifiesto que los catalanes quieren tener un estado independiente, yo apoyaría sin duda alguna que se realizase ese referéndum que usted plantea; eso sí, sin otro efecto práctico que determinar si esa voluntad existe realmente o si el partido en cuestión ha ganado las elecciones como consecuencia de la presencia en su programa de algún otro asunto que haya resultado atractivo, como pudiera ser el reparto de discos de Torrebruno a todos los ciudadanos y ciudadanas, catalanes y catalanas, libres de cargas hipotecarias en sus segundas viviendas, que tampoco es moco de pavo.

Una vez comprobada esa voluntad, entonces, desde mi punto de vista, habría necesariamente que reformar la Constitución para permitir que se lleve a cabo el proceso. Soy consciente de que la Constitución es muy rígida -harto tortuosa, dice usted- para lo que a una reforma de este calado se refiere, por lo que lo que yo haría -de ser el responsable de un partido político con presencia parlamentaria- sería votar a favor de la reforma para contribuir a la configuración de la mayoría suficiente que permitera llevarla a cabo.

Aunque habría que hacer algunas reflexiones. Por una parte, que el o los partidos que promuevan esta reforma constitucional deberán tener manga ancha y mano izquierda suficiente para negociar con el resto de los partidos que deben formar la mayoría parlamentaria que permita la reforma. Por otra parte, sería interesante escuchar los argumentos de quienes, comprobado fehacientemente que los catalanes tienen la voluntad mayoritaria de constituir un estado independiente, se nieguen a facilitar una reforma que necesariamente debe cumplir una serie de requisitos:

1.- La separación se debe hacer de forma que quien quiera seguir siendo español y vivir en la Cataluña independiente pueda serlo y vivir en libertad.

2.- Que en el nuevo estado se instaure una democracia homologable en derechos y libertades con la española. Es decir, que los ciudadanos de la Cataluña independiente no pierdan derechos en el proceso. En otras palabras y caricaturizando: no se debería permitir, al margen de la voluntad de los catalanes, una Cataluña fascista, o una Cataluña marxista-leninista, o una monarquía absoluta catalana, porque los catalanes en ese caso perderían la soberanía. Es lo mismo que, por citar un ejemplo, ocurriría en Ceuta y Melilla: por mucho que sus habitantes decidieran por mayoría que estas dos ciudades pasasen a ser marroquíes, ello no debería ser aceptado nunca por España, ya que Marruecos es un cruel tiranía y los hoy españoles ceutíes y melillenses perderían soberanía, derechos y libertades.

3.- Que se respeten los legítimos intereses de los españoles en Cataluña, incluidos los de los españoles que viven fuera de Cataluña.

4.- Que cualquier lazo de los que existen actualmente entre Cataluña y el resto de España que se quiera conservar se someta a consulta en el conjunto de España, porque puestos a ejercer el derecho de autodeterminación, todos tenemos derecho a hacerlo.

Llegadas aquí las cosas no creo que sea preciso señalar que este proceso -u otro similar- no es válido para Euskadi, por dos motivos: allí el proceso se produciría con la certeza por parte de todo el mundo de que en cualquier momento media ETA con cinco o seis muertos, con lo que muchos no podrían actuar con libertad, y porque, tal y como se demostró con ocasión del Plan Ibarretxe, no serían capaces de cumplir ninguna de las condiciones antedichas, porque, a diferencia de los nacionalistas catalanes, los nacionalistas vascos no son demócratas.

Venga... meta ruido por ahí



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