Me abstengo de hablar del nuevo Estatut de Catalunya, de sus posibles bondades y de sus supuestas incompatibilidades con la sacrosanta Constitución. El Estatut, tanto el nuevo como el anterior, es un instrumento de trabajo conformado por un cúmulo de normas legislativas redactadas en un código lingüístico que no está a mi alcance interpretativo. Son las gentes dedicadas al ámbito del derecho constitucional quienes deberán considerar su pertinencia o, en caso contrario, su errónea naturaleza y, posteriormente, traducirnos, a la ciudadanía, su significado real con ayuda de los políticos que lo han propulsado y se dispongan a defenderlo, o de los que, disconformes con su contenido, emprendan la cruzada de rechazarlo.

Ana María Moix

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