Hace unos días reseñaba un artículo de Jaume d´Urgell titulado “Contra la monarquía“. Se basa en una serie de preguntas y respuestas con las que pretende, según sus propias palabras, que empecemos a cuestionarnos “los pros y los contras de mantener una jefatura del estado vitalicia y hereditaria, en el seno de un país occidental en pleno siglo XXI“. La intención, sin duda, es loable, no así la forma de resolverla.

Voy a ofrecer respuestas alternativas a la mayor parte de las que se plantea Jaime en su artículo. No debería ser necesario que dijese que soy republicano, porque no se puede ser otra cosa si se es de izquierdas. Pero ser republicano no debe impedir reconocer la historia tal y cual es, ni debe tampoco impedir reconocerle a don Juan Carlos los méritos que tiene, que son muchos. Soy republicano porque me obliga a ello la razón y porque no hay otro régimen político que pueda garantizar un desarrollo pleno de los valores de la libertad, la igualdad y la búsqueda de la felicidad, entre otras razones

Pero hoy no nos encontramos, como ocurría en los años 20, ante un rey que suponga un obstáculo al progreso de España, con una monarquía responsable del subdesarrollo social, político, económico y cultural de la nación; al contrario, don Juan Carlos ha contribuido, no de manera exclusiva, pero sí de forma importante y decidida al avance de las libertades y de la democracia en España, y al desarrollo económico y sobre todo social que los españoles hemos conocido en las últimas décadas.

Igual que desde esta bitácora, que no profesa las ideas comunistas, se ha dicho en más de una ocasión que el Partido Comunista ha contribuido con la generosidad de sus militantes, que fueron los únicos que lucharon contra la dictadura desde dentro y con sus posturas responsables durante la transición, a la recuperación de las libertades, debemos reconocer el papel que desempeñó don Juan Carlos en la construcción de la democracia.

Paso, pues, a ofrecer a mis amables lectores las respuestas alternativas, las que yo haría, a las preguntas que plantea en su interesante artículo Jaume d´Urgell, así como a rebatir las de Jaime.

1.- ¿Qué es la monarquía?

Yerra Jaume d´Urgell al buscar el significado político de la monarquía en el diccionario o en las enciclopedias históricas, como erraron los que buscaron combatir la legalización de los matrimonios homosexuales en el diccionario o en la historia. Y es que efectivamente, el diccionario de la RAE dice en su primera acepción que matrimonio es la “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales“, mientras que el de María Moliner asegura, también en su primera acepción que el matrimonio es la “unión de un hombre y una mujer, legalizada con las ceremonias y formalidades religiosas o civiles establecidas para constituir una familia“. En su segunda acepción asegura el diccionario de María Moliner que un matrimonio es una” pareja humana, formada por hombre y mujer que están casados entre sí”. Si a estas autorizadas definiciones añadimos que la propia constitución dice en su artículo 32 que “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica“, vemos rápidamente el desaguisado que pueden preparar un uso absurdo del diccionario y una interpretación interesada de la Constitución.

La monarquía, como la república, es un régimen político que a lo largo de la historia ha tenido diferentes formas. Y hemos de decir que si ha habido monarquías absolutas, ha habido repúblicas sanguinarias, que si ha habido reyes autoritarios ha habido republicanos con tendencias a la decapitación de las cabezas ajenas, incluidas las republicanas. No hagamos como hacen los nacionalistas y no utilicemos la historia para legitimar nuestras posiciones políticas. La monarquía es hoy en España plenamente democrática y no hay un solo derecho de los ciudadanos que tenga un mejor ejercicio en la República Francesa o en la República Federal Alemana. De la República Bolivariana de Venezuela, mejor no hablo, aunque habrá quien lo haga.

¿Qué es pues la monarquía?. La monarquía es un régimen político en el que la jefatura del estado es vitalicia y hereditaria, aunque históricamente ha habido monarquías electivas en nuestro país, como la visigoda, y actualmente existe una simpática monarquía electiva en nuestro propio continente: el Papado. A excepción de esta última que es una monarquía teocrática y absoluta, que tiende incluso a no reconocer las democracias de su alrrededor, como estamos viendo estos días en nuestro país, las monarquías que forman parte de nuestro entorno político y geográfico son parlamentarias y plenamente democráticas, y no tienen nada que envidiarles a las repúblicas circundantes, salvo el hecho primordial de la radical injusticia de que la jefatura del estado recaiga de manera permanente en una familia, con todo lo que ello simboliza.

2.- ¿Por qué existe un monarca?

No voy a discutir la respuesta que da Jaime a esta pregunta pero el sencillo hecho de que no he conseguido entenderla. Me da la impresión de que se trata simplemente de un prolegómeno para justificar la respuesta a la siguiente pregunta. Yo responderé que para justificar que soy republicano no necesito preguntarme por qué existe el monarca, sino atender a la injusticia de que el estado y la nación puedan ser -siquiera simbólicamente- propiedad de una familia. La monarquía es una institución que en nuestros países se remonta a la edad media cuyo origen poco tiene que ver con el debate actual entre monarquía y república.

3.- ¿Quién nombró al Rey de España?.

Aquí está el quid de la cuestión, y en este punto es en el que -siempre me ha extrañado la concomitancia- han coincidido muchos críticos a la monarquía por la izquierda con quienes critican a la monarquía actual por lo que ellos consideran -o consideraban- que fue una traición a los principios generales del Movimiento que juró el Principe Juan Carlos.

Y es que efectivamente, ambos bandos echan en cara al Rey actual que le nombrara el Generalísimo. Lo que ocurre es que eso no es cierto. Y está bien que en la extrema derecha hagan gala de sus principios exaltados, y llevan incluso razón cuando acusan a don Juan Carlos de haber traicionado aquellos principios, porque efectivamente los traicionó cuando aquella decisión, la última de un rey absoluto en España, de iniciar el camino que concluiría en el desmantelamiento de la dictadura. Bendita traición, por otra parte.

Y es que efectivamente, a don Juan Carlos le nombró Franco, y le hizo jurar los principios generales del Movimiento. El 22 de noviembre de 1975 fue coronado en España un Rey absoluto, el último que ha tenido nuestra nación. Ese rey no tenía legitimidad alguna, porque efectivamente era parte de la dictadura que había asolado a España durante 39 años. Sin embargo, aquel Rey abrió el camino a un proceso constituyente en el que se elaboró una Constitución plenamente democrática que constituía a España como una monarquía parlamentaria. La disolución de las Cortes franquistas y del Movimiento Nacional, la autorización de los partidos políticos, la Ley de la Reforma Política y, finalmente, la Constitución de 1978 constituyen el camino a lo largo del cual la monarquía absoluta que dejó Franco atada y bien atada se desató y se transformó en una monarquía parlamentaria. Al Rey, de hecho, lo nombra Franco, pero ese Rey va perdiendo sus poderes absolutos -que ejerce, por cierto, mientras los tiene, única y exclusivamente para desmantelar la dictadura- hasta que la Constitución de 1978, plenamente democrática tanto en su contenido como en su proceso de elaboración, le nombra Rey de España.

Y como estamos hablando de símbolos, conviene recordar un detalle que a veces se olvida. Don Juan, el padre de don Juan Carlos, era quien ostentaba la legitimidad monárquica -nunca concedida a don Juan Carlos hasta 1976, por mucho que Franco le nombrase su heredero a título de Rey- no reconoció nunca a su hijo como Rey hasta que no tuvo garantías de que España se convertiría en una democracia homologable con el resto de las democracias europeas.

4.- ¿Es español el Rey de España?

Sí que lo es. Pero si no lo fuera, ¿qué más da?. Llama de nuevo la atención la coincidencia con la extrema derecha que siempre le ha echado en cara al Rey el hecho de haber nacido fuera de España, y de haber vivido sus primeros años en Portugal.

5.- ¿Qué poderes tiene el Rey de España?

Los que le otorga la Constitución de 1978, que es la constitución vigente en nuestro país y tiene plena legitimidad. Son, por otra parte, poderes similares a los que tiene el presidente de cualquier república parlamentaria, es decir, poderes puramente simbólicos.

Llama una vez más la atención la referencia a que hace Jaume al diccionario, un librito que está resultando últimamente de una gran utilidad política para algunos. Y parece pretender que como la constitución establece que al Rey le corresponde el mando supremo de las fuerzas armadas, y el diccionario define “supremo” como “sumo, altísimo. Que no tiene superior en su línea“, un día Su Majestad, apelando a la autoridad que le confiere el diccionario, va a ordenar al Ejército que cometa cualquier excentricidad.

Me veo obligado a tranquilizar al inquieto y temeroso Jaume, que quizás fuera muy jóven el 23 de Febrero de 1981 y no recuerde que aquel día el Rey se vistió el uniforme de comandante en jefe de las fuerzas armada y ordenó a los militares golpistas que depusiesen su actitud, es decir, justo lo contrario de lo que Jaume sugiere en su artículo. Ese italiano de origen francés -al que de forma tan innecesariamente irrespetuosa se refiere Jaume- nombrado un día Rey por un militar golpista del siglo pasado no tiene capacidad -y creo que intención tampoco- para mandar nada por su cuenta a las Fuerzas Armadas, por mucha autoridad que le confiera el diccionario de la Real Academia. En su calidad de comandante supremo de las Fuerzas Armadas, el Rey está sometido a las órdenes del presidente del Gobierno, ya que la Constitución deja claro que “el Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado“. Es decir, que el Rey no tiene ninguna autoridad militar por encima, pero dado que las Fuerzas Armadas están sometidas a la autoridad Civil, el comandante supremo de las fuerzas Armadas tiene por encima de sí al Gobierno.

Por otra parte, cualquier acto del Rey, incluidas las órdenes que pudiera dar a las Fuerzas Armadas, para ser tal, debe estar refrendado por un miembro del Gobierno. De lo contrario, no tiene validez, y sería un simple acto del ciudadano Juan Carlos de Borbón.

6.- ¿Es justa la monarquía?

No, no lo es. A pesar de que ha quedado clara la compatibilidad entre democracia y monarquía, es absolutamente injusto que la máxima encarnación de la nación, la representatividad de ésta y del estado sean considerados como un bien hereditario y patrimonializado en una familia. La república, que también ha demostrado ser perfectamente compartible con la democracia, es un régimen más justo, puesto que estos valores no están patrimonializados por nadie, sino depositados en la soberanía nacional. Esa es, hoy por hoy, la única diferencia entre monarquía y república.

7.- ¿Cuánto cuesta la monarquía?

La monarquía le cuesta a España lo mismo que le costaría una república. ¿O no es la Presidencia de la República una institución plena de actividad polícia, inetitucional y representativa?

8.- ¿Es útil la monarquía?

A Marruecos no sé si le será útil o no. A España le ha sido de una utilidad fuera de toda duda, salvo que nos queramos instalar en el más ciego de los sectarismos. La Monarquía ha contribuido de manera muy importante y decidida, si bien no exclusiva, a la recuperación de nuestras libertades, sin las cuales hubiera sido imposible el desarrollo social y económico que se ha producido en los últimos 30 años.

9.- ¿Tiene sentido la monarquía en la actualidad?.

Así, en abstracto, pues no mucho. Bajando a lo concreto, el sentido sigue siendo escaso. Sin embargo, no hay necesidad perentoria de cambiarlo, porque no ocurre lo que ocurría en los años 20, a saber: que el origen y la raíz de los problemas que mantenían a España en situación de subdesarrollo económico y social era, precisamente, la monarquía. La monarquía impedía el pleno desarrollo de la soberanía nacional y de las reformas que eran precisas para salir de ese atraso secular. Por lo tanto, mucho sentido no tiene, pero tampoco es un problema de solución urgente.

10.- ¿La monarquía es para siempre?.

No. Nada en política es para siempre. Solo se consideran a sí mismos como algo “para siempre” los totalitarismos.

Venga... meta ruido por ahí