En vez de serenar mi espíritu, la voz alteró mi alma. Aunque despierto, a esas horas procuro mantener un nivel de actividad mental bajo. Pero ese día me fue imposible: se me despertaron todos los sentidos como si luces de emergencia y tenía que reprimir la tentación de vestirme y salir corriendo hacia Portugal -apenas a 130 kilómetros- para que las ruinas de España y de la civilización occidental y cristiana no me pillaran debajo. Además, confieso que aquel tono tronante y apocalíptico, y ese morbo que tienen siempre las descalificaciones personales y las condenas rotundas me mantenían cautivo, en tensión y pendiente de todo lo que aquella boca iba desgranando en materia económica, política, cultural, histórica, bolsística, deportiva y hasta climática, que también el clima y la sequía obedecían a una conjura manifiesta contra España y la civilización occidental y cristiana perpetrada por los enemigos de la patria. No faltó la crónica y crítica televisiva y periodística -todo es basura-; ni el espacio del corazón.

QUINTÍN GARCÍA GONZÁLEZ
El País

Lean, lean, si no lo han hecho ya, este brillante artículo, escrito con un envidiable sentido del humor, por el sacerdote dominico y periodista Quintín García González, hoy en El País.

Gracias a Abraham, que hoy el periódico casi no he podido ni abrirlo.

Venga... meta ruido por ahí