Lydia Lozano es de ese tipo de gente que hace que la vida sea más gris, más negativa, más triste. En una palabra: peor. Su concepto de televisión, de ese esperpento que se atreve a llamar periodismo, está basado en el escándalo, la calumnia, la denigración, la intoxicación, la maledicencia, el resentimiento, la ofensa, el infundio, el improperio, la impostura. Un asco.

El Descodificador comenta la noticia: la FAPE y la APM expedientan a Lydia Lozano. A Lidia Lozano, sí. A otros, que utilizan técnicas peores incluso, no. Las radios privadas no son tan privadas, sino que explotan un servicio público mediante concesión administrativa. ¿Ampara la libertad de expresión que una banda de ignorantes reaccionarios que se hacen pasar por periodistas jueguen con las relaciones internacionales y pongan en peligro la relación con Bolivia, riéndose del presidente elegido por los bolivianos y del elegido por los españoles?. ¿Dónde está la libertad de información? ¿Sobre qué están informando los iletrados del Grupo Risa?. Lo dicho: Lozano, un asco. La COPE, otro. Los obispos, ni te digo.

Venga... meta ruido por ahí