Acabo de mantener un diálogo telefónico con una señorita muy amable de los considerados como de besugos -por cierto, cómo se ha puesto el besugo, que mi cuñada dice que ya no lo cenamos en Nochebuena, que está muy caro, tiene narices el asunto-. Como les decía, estaba yo chateando por el messenger con Zeppo, a quien seguro que conocen ustedes por sus patrióticas intervenciones en esta bitácora, cuando ha sonado el teléfono.

Riiiiing riiiing.

Respondo la llamada con mi característico y viril “¡Al habla!” y una señorita muy amable que se ve que no me conoce porque se empeña en llamarme don Ricardo, me dice que llama de parte del BBVA, banco del que soy infeliz cliente, y que están promocionando un seguro de vida muy innovador. Y no se puede decir que la señorita mienta, porque ciertamente el seguro es innovador, ya que, según me informa mi interlocutora, si no lo utilizo, me devuelven el dinero. Le pregunto que en qué consiste eso y va y me asegura con auténtica pasión comercial que si no lo utilizo me devuelven una prima. Yo le respondo que a mí no me falta ninguna prima, que las tengo todas, a Dios Gracias- y que en esas condiciones, difícilmente me la pueden devolver. La señorita, que parece no tener sentido del humor, insiste en que si no utilizo el seguro me devuelven la prima, a lo que yo, con la agudeza que me caracteriza, le pregunto si tengo que vivir eternamente para recuperar a la prima esa. Entonces ella me dice que están actualizando la base de datos de clientes y que si quiero corregir algo. Le digo que no y va ella y me dice que gracias y que adiós, don Ricardo. Pues adios.

Venga... meta ruido por ahí



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