Quizás se me haya hecho un poco tarde para decir esto, porque tengo últimamente mucho lío y carezco de todo el tiempo que quisiera para justificar mi sueldo moscovita, pero me siento en la obligación de dejar claro que no soy partidario de que se cierre la cadena COPE -de hecho, creo que serlo es una aberración democrática- y por eso, no apoyo el encadenamiento de los jóvenes de ERC el otro día a las puertas de la sede madrileña de la emisora.

Es obligatorio señalar que, si bien es perfectamente legítimo realizar actos de protesta a las puertas de medios de comunicación, partidos políticos, empresas, e instituciones públicas, no me parece legítima una campaña como la que llevan a cabo los jóvenes de ERC, que parece que va evidentemente destinada a cerrar la emisora. Espero no alentar con esto el victimismo espectacular de que está haciendo gala la cadena de los obispos, y al que tan dados son los medios de comunicación y los periodistas, tan exigentes siempre a la hora de defender derechos que creen suyos en exclusiva y tan miserable y profesionalmente neutrales, por lo general, cuando se trata de defender los de los demás.

Hay que decir, igualmente, que la algarada montada el otro día por los jóvenes de ERC es eso, sencillamente, una algarada y no forma parte, como quiere hacer ver la COPE con esa absurda recogida de firmas, de una campaña orquestada por el Gobierno de la Nación y los tres partidos que lo apoyan para cerrar la emisora.

A algunos con pocas luces les podrá parecer sorprendente que yo diga esto, precisamente porque soy el impulsor de una de una recogida de firmas para que se retire a Federico Jiménez Losantos de la dirección de La Mañana, y soy perfectamente consciente que desde ciertos sectores se ha interpretado maliciosamente que yo pretendo callar la boca a Jiménez Losantos porque no piensa como yo. Eso no es así, porque entonces la iniciativa de la que hablo tendría por objetivo a Jiménez Losantos y a otros muchos. Lo único que pretendo es combatir una forma de hacer periodismo, la del polémico director de La Mañana de la COPE, que es indigna, escasamente profesional y terriblemente deshonesta. De ahí a cerrar un medio de comunicación, por más que en él se dé cabida a gente que, como Jiménez Losantos, manchan el buen nombre del periodismo -si es que lo tiene-, hay un trecho muy largo, y no estoy dispuesto a recorrerlo.

La cadena COPE tiene todo el derecho del mundo a mantener una línea editorial determinada, a estar contra la reforma del estatuto de autonomía de Cataluña y contra la LOE, a promover la obligatoriedad de la enseñanza de la religión y cualquier otra cosa que les parezca bien a sus propietarios, y el hecho de sostener esta línea editorial u otra cualquiera no legitima a nadie para pedir su cierre.

Venga... meta ruido por ahí