Desde que tengo uso de razón política -algunos, quizás sin caer error alguno- creerán que eso no ha ocurrido aún, he militado en formaciones políticas. Sin embargo, no soy una persona demasiado disciplinada. Tiendo a buscar los puntos de desencuentro y no los de encuentro en aquellos colectivos a los que pertenezco. Y ello, no porque me guste la bronca, que sí, que me gusta, sino porque me encuentro en un proceso permanente de búsqueda. Resulta un poco cursi, pero es así, y aunque parezca mentira, lo que pretendo explicar en este post es que A Sueldo de Moscú ha entrado a formar parte de lasideas.org.

No le veo mucho sentido a sostener unas posiciones que, en buena parte están basadas en prejuicios sin cuestionárlas. Eso es muy frecuente en los partidos políticos, donde muchas veces los intereses numerarios pesan más que las ideas. Sin embargo, creo que cuando se detecta un prejuicio, hay denunciarlo, desecharlo y seguir el camino hacia la verdad, que existe, sin duda alguna, y a la que hay que intentar acercarse, sabiendo incluso que nunca podremos conocerla. Negar la existencia de la verdad es ampararse en el paraguas reaccionario del relativismo para comportarse como si no hubiese normas. El paraíso de la derecha.

Sin embargo la verdad existe. Y hay que intentar acercarse a su conocimiento. De ahí mi ánimo permanente de confrontación, preferentemente con “los míos“, terrible expresión política. Del debate surgen nuevas ideas que nos acercan al conocimiento de la verdad. Eso en política debería el día a día. Por eso, agradezco a lasideas.org que hayan admitido a A Sueldo de Moscú en su seno. En lasideas.org conviven -convivimos ya- personas que sólo podemos definirnos como progresistas. No sé los demás, pero yo no tengo claro lo que soy. Sé lo que no soy, pero no lo que soy. No sé si soy marxista -ni me importa demasiado- ni si soy liberal o socialista. Tengo claro que no soy ni cristiano ni comunista, pero poco más sé de mí mismo. Espero que mis nuevos compañeros de lasideas.org coincidan conmigo en esto. El debate será sin duda mucho más interesante. Admiro, pero no envidio, a esas personas que lo tienen todo tan claro, que saben lo que son, lo que quieren y a dónde van. Creo sin embargo que el debate principal es con uno mismo y con “los nuestros“, aunque no haya que renunciar a convencer a los contrarios, a poner en evidencia la falsedad de su pensamiento, ni, por supuesto, a tocarles un poco los cojoncillos.