¿Qué son las centrales lecheras?. Son empresas. ¿Con qué comercian las centrales lecheras?. Con leche. ¿Cómo hacen esto?. Las centrales lecheras compran la leche a los productores, realizan los procesos sanitarios necesarios para garantizar su calidad y unas condiciones sanitarias adecuadas, y la embotellan o envasan, para ponerla a disposición de los consumidores.¿Forma parte del ordenamiento constitucional el derecho de los ciudadanos a gozar de una buena leche?. No, no forma parte. ¿Pueden los consumidores exigir unos mínimos de calidad a las centrales lecheras?. Sí, sí pueden. Por eso la administración regula los procesos a que hay que someter a la leche para garantizar unas condiciones sanitarias, los diferentes tipos de leche, (desnatada, semidesnatada, entera), su composición, cuales pueden ser sus derivados… ¿Tienen intereses las centrales lecheras?. Si, los tienen, como todas las organizaciones humanas.¿Qué capacidad de influencia tienen las centrales para imponer sus intereses en los procesos políticos, sociales, económicos y culturales?. Tienen, como tales, una capacidad relativa, y en cualquier caso, escasa.

¿Qué son los medios de comunicación?. Son empresas. ¿Con qué comercian los medios de comunicación?. Con la información y con la opinión. ¿Cómo hacen esto? Los medios de comunicación obtienen información de sus fuentes y se la presentan a los lectores convenientemente tratada. Igualmente, los medios de comunicación conforman una línea editorial, cuyo contenido es la opinión del propio medio. ¿Forma parte del ordenamiento constitucional el derecho de los ciudadanos a gozar de una información adecuada?. Sí, sí que forma parte. En efecto, el artículo 20.1.d de la Constitución establece que los españoles tenemos derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. ¿Pueden los consumidores exigir unos mínimos de calidad a los medios de comunicación?. Sí, si pueden; por eso la constitución dice en su artículo 20.4 que las libertades de información “tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

¿Y todo esto a qué viene?. Creo que es muy sencillo. El liberalpinochetismo, con el apoyo interesado de los periodistas corporativos y de cierta izquierda que desde mi punto de vista está en Babia, ha montado una batalla campal en torno al legítimo intento de regular la profesión periodística y el funcionamiento de los medios de comunicación llevado a cabo por el gobierno del la Nación y algunos gobiernos autonómicos. He leído y apoyo, como he escrito en esta bitácora, el estatuto del periodista profesional; no puedo decir lo mismo de la Ley de Comunicación Audiovisual que ha aprobado el Parlamento Catalán. No porque no la apoye sino porque no la he leído. Lo que pretendo en este artículo no es apoyar ni una ni otra, sino dejar claro mi convencimiento de que los poderes democráticos tienen el derecho y la obligación de regular estos ámbitos de actuación. Se trata de un derecho, el de la libertad de información, que no pertenece a los periodistas ni a los medios de comunicación, que lo reclaman como suyo sino a la ciudadanía en su conjunto, ya que es un derecho de doble sentido: “