No sé, pero yo creo que en cualquier país democrático que no sea España, Mariano Rajoy no podría decir las cosas que está diciendo a cuenta de las palabras del militarote Mena sin ser objeto de escarnio y pública deshonra. Y es que quizás el subconsciente le traicione, pero se está comportando más como un orador decimonónico -quiero ser generoso y no llamarle fascista- que como un político democrático del siglo XXI. Y es que no se pueden interpretar sus advertencias de otra manera.

¿Qué ha dicho don Mariano? Pues se ha preguntado qué ha ocurrido “para que hayan tenido que hacerse estas declaraciones“, en referencia a las palabras del militarote. Hombre, don Mariano, lo primero que habría que responderle es que las declaraciones no tuvieron que hacerse. Mena no se ha encontrado ante un imperativo profesional o moral que le haya obligado a decir lo que dijo y a asumir las consecuencias. ¿Qué ha ocurrido entonces, don Mariano?. Pues no ha ocurrido nada, salvo que la democracia funciona y que en el Parlamento se están discutiendo diferentes iniciativas, alguna de las cuales es posible que no guste al Partido Popular, como es normal.

Y el descontento que pueda haber en determinados sectores profesionales -que parece que es de lo que nos habla el jefe de la leal oposición- es absolutamente irrelevante. No nos advierta, don Mariano, de que algunos militares pueden estar descontentos. En primer lugar, porque no es usted su portavoz ¿o sí?. En segundo lugar, porque no tiene importancia. Si los militares, o los secretarios de juzgado, o los auxiliares administrativos, están descontentos con la tarea del gobierno, que voten cuando les corresponda y que hagan uso de sus derechos políticos. No pueden hacer otra cosa, ni debe usted advertirnos acerca del descontento de los militares.

Como mis lectores saben , don Mariano, tengo perro. Se llama Rigoletto. ¿Sabe usted lo que hago cuando le tengo inquieto?. Le bajo a la calle, a un parque de perros que hay en la Plaza del Conde de Valle Suchil, y ahí se desfoga dando brincos con Pipo, con Sauron, con Mala y con otros astutos canes. Haga usted lo mismo con su subconsciente y cuando lo tenga intranquilo, sáquelo a pasear, que luego, le traiciona.