No sé ustedes. Lo que es yo, esta noche voy a dormir mucho más tranquilo. Andaba preocupado por el tema desde que le enterramos al grito de “Santo subito”, en los santos sótanos de la santa basílica de San Pedro, pero hoy he sabido por Carlos Llamas, ese mentiroso irredento -así que lo mismo es una falsedad con la que pretende perjudicar gravemente a España y a Dios, como si no fueran ambos manifestaciones de la Verdad Una-, que Karol Woytila ha obrado su primer milagro, en la persona de una religiosa francesa, de la que ya podemos decir con alborozo, jolgorio y alegría que es una ex-enferma de parkinson. Y uno, que es de natural irrespetuoso, pero no por maldad, sino por ignorancia, se pregunta: ¿y no habría sido mucho mejor que Su Santidad Difunta hubiera puesto su cuidado y realizado sus gestiones ante el Altísimo a favor de, pongamos por ejemplo, un director de obra civil de cualquier constructora, o un coronel de la Marina de los Estados Unidos, cuyo influjo en este mundo es mucho más palpable que la de la pobre monjita, cuando ésta habría sido más útil orando por nosotros -pobres pecadores- más cerca de Dios?. No, pues son cosas que se me ocurren así, sin pensar demasiado. Y don Cesar, esté usted tranquilo, que cumpliré con mis obligaciones, pero necesito un poco de tiempo, que el trabajo me absorbe mucho estos días. El miércoles, creo que podré cumplir, hombre de Dios, o de quien sea.

Por cierto, hablando de don Cesar: lean cómo ha demostrado que Acebes, Zaplana y Rajoy son unos zotes.