Andaba yo esta mañana, a eso de las doce y media, por la Plaza del Conde del Valle Suchil con Rigoletto, dando una paseo, cuando dos quieroynopuedo que querían pasar por niñas pijas me han parado y, enseñándome una especie de calendario azul y naranja que llevaban colgado al cuello, me han pedido que firme la petición de referendum ilegal, ilegítimo e inmoral. Ni les he contestado. Me he limitado a decirles que no me molestasen, que estaba muy ocupado. Diez metros más adelante, un chulo, que a juzgar por su actitud debía ser el novio de una de las pijas me ha abordado, preocupándose bien de que las pibitas vieran su valiente y patriótico gesto: “¿Así que no quiere usted firmar?”. Yo, nasti de plasti. No hablo con quien no me ha sido presentado. Así que ni puto caso. Ya estaba yo, con Rigoletto, unos metros más adelante. Y el pijo va y me grita: “¿Por qué no quieres firmar por España?”. Así que le respondo, a voces, también: “¿Y a tí que te importa?”.

¡Qué gentuza!. ¿No podían sacar a la calle a los más educados? ¿No entienden que si alguien quiere firmar, se les acercará? ¿No pueden dejar de molestar a la gente honrada que sólo queremos pasear a nuestro perro y tomar un poco el sol? La policía ¿no piensa acabar con este acoso a la ciudadanía?