Hoy les voy a recomendar a ustedes, señores amigos míos, un blog que no es nuevo, y que viene tiempo reclamando un derecho que hasta hoy no ha tenido: el de ser recomendado desde este lado del telón de acero. Se trata de La Corrala, editado por mi buen amigo Curro, una bellísima persona que tiene entre sus principales defectos que desayuna muy poco (apenas una pulga y un café, y no es plan). Hoy Curro se ha ganado su derecho al reconocer uno de mis más ignorados méritos, que consiste en haber acuñado el término liberal-pinochetistas para denominar a los liberal-pinochetistas. Yo, la verdad, le veo poca virtud al logro, porque me salió así como muy natural, pero si otros lo ven meritorio, pues yo qué voy a hacer yo, sino darles la razón, que doctores tiene la iglesia y no soy yo ninguno de ellos. Si quieren ustedes saber lo que es el liberal pinochetismo, pueden pasarse por aquí, por ejemplo, y verán qué claro les queda. Eso sí, se aburrirán de lo lindo. Pero si lo que quieren es disfrutar de la diamantina y bella prosa y de los haikus -las cosas de la mezcolanza de credos, colores y culturas que caracteriza el siglo- lo mejor que pueden hacer es pasarse por La Corrala. Así que, Curro, ahí te mando a parte de mi rebaño, pero que sepas que las ovejitas tienen que volver a casa antes de las doce.

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