No no lo es. De hecho, se trata de una vuelta más de tuerca de las políticas neoliberales llevadas a cabo por Felipe González y José María Aznar. La reforma fiscal que promueve el Gobierno de Zapatero beneficia a las rentas del capital en detrimento de las del trabajo, por lo tanto, no es de izquierdas. Ello, unido a una política económica que sigue persiguiendo la estabilidad presupuestaria y la reducción del gasto público, beneficia intereses minoritarios y perjudica el interés de la mayoría, ya que el gasto público sirve en su mayor parte para financiar los servicios públicos que usa la mayor parte de la población. No puede ser de izquierdas una política fiscal que establece un tipo único del 18% para las rentas del capital, que reduce el impuesto de sociedades del 35 al 30% y baja el tipo máximo del IRPF del 45 al 43%. Es evidente que ello va a suponer una merma en los ingresos del estado, y por lo tanto una reducción en la cantidad y en la calidad de los servicios públicos. Se aleja de los postulados de la izquierda quien reduce el carácter progresivo de los impuestos, y eso es lo que están haciendo los gobiernos de la democracia, incluido Zapatero, desde Felipe González, de la misma forma que se aleja de los postulados de la izquierda aquel gobierno que no hace nada por perseguir el fraude fiscal -que en España supera el 20% del PIB- o lo utiliza simplemente como una herramienta de propaganda.

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