València, capital de una tierra siempre alegre, ya no lo está. Faltan 41 vecinos y vecinas. Sus gobernantes llevan años invirtiendo el dinero de sus habitantes en proyectos faraónicos que no se pueden criticar, pues quien lo haga “es que no quiere el progreso y el bienestar de los valencianos”, coletilla habitual de González-Pons en su etapa de Conseller Portavoz, y que ahora ha heredado Rambla.

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