El asueto en periodos prolongados es lo que tiene, que hace que uno vea las cosas mucho más claras. Por eso, en mi entorno soy el único que comprende por qué, si la ONU ha aprobado una resolución que exige a Israel la retirada inmediata del Líbano, Israel no sólo no se retira, sino que su gobierno ha dado la orden al Ejército de avanzar hasta el Río Litani. ¿Por qué?, se pregunta todo el mundo. Quizás sea porque tengo la mente fresca tras mi paso por las playas gallegas, quizás sea por el profundo conocimiento de la mente criminal que me proporcionó mi estancia de cuatro días en Carabanchel, lo cierto es que yo lo veo claro y cristalino: no se pueden retirar si no entran antes. Por eso, los terroristas se han dado un periodo de tres o cuatro días para estudiar una resolución que no va a servir de nada y sobre todo, para poder internarse en territorio libanés todo lo posible antes de darse por enterados de que la ONU, esa organización petimetre que todavía no ha sido capaz de condenar el asesinato de cuatro de sus funcionarios a manos del terrorismo israelí, les pide que se vayan por donde han venido, pero sin hacer tanto ruido. Por eso, y para poder asesinar más ciudadanos, destruir más infraestructuras civiles, bombardear más barrios populosos y estorbar más aún si cabe el trabajo de las organizaciones hmanitarias. Porque si en las guerras de la gente civilizada se decía aquello de “a enemigo que huye, puente de plata”, los israelíes consideran -como lo consideró Franco, ese gran liberal- que lo mejor es prologar la guerra todo lo posible, para tener tiempo de matar a todos los enemigos posibles, tanto civiles como militares. Y es que, Ehud Olmert, su gobierno y sus generales consideran, sin duda alguna, que el único enemigo aceptable es el enemigo muerto, ya sea niño, niña, civil, militar, bípedo, trípedo o cuadrúpedo.