¿Qué dignidad puede tener un ejército que no es capaz de responder a los ataques criminales de que es objeto la población civil a la que sirven, más que cavando fosas comunes? ¿No podían, al menos, y ya que no hacen otra cosa, enterrar a sus muertos con dignidad, de uno en uno e identificados, para que, pasado el asedio criminal del vecino estado terrorista, puedan sus familiares honrarlos? ¿Y la Comunidad Internacional, qué hace plegada a las amenazas y a las presiones de los Estados Unidos y de Israel? ¿Cómo es posible que ningún país civilizado diga: “venga, vamos a instruir, armar y financiar al Ejército Libanés para que pueda hacer frente al agresor terrorista israelí“?. No es extraño, pues, que los libaneses cada vez se sientan más cerca de Hezbolá. Yo, si fuera libanés, celebraría cada una de sus victorias como mía. Y es que, puestas las cosas en el punto en están hoy, yo voy con Hezbolá.