Curiosos paralelismos

Andan algunos medios soliviantados. Y dirán ustedes que claro, que como siempre, que de qué me extraño, que soy un inocentón… Pues sí, pero recién salgo de unas vacaciones largas, y traigo renovada mi capacidad de asombro, admiración, sorpresa, desconcierto, confusión o pasmo, según como quieran ustedes referirse a ella. El malo malísimo Ahmanidenehyad ha dicho el tío una cosa muy fea relativa al laicismo y a la necesidad de expulsarlo -junto con el liberalismo, por cierto- de las universidades iraníes. Y entiendo que se solivianten los editores, siempre tan cándidos y bonachones, de nuestros medios de comunicación; pero caramba, que suelten de sus fauces la paja del ojo ajeno y olisqueen un poco por aquí mismo, que tenemos a la Conferencia Episcopal alborotada y rebelde porque el Gobierno de la Nación no obedece su órdenes, especialmente después de la nueva cruzada contra el laicismo dictada, cuando aún era jefe de la Inquisición, y Juan Pablo II estaba aún corpore insepulto, por nuestro níveo pontífice, Benedicto XVI, a quien Dios conserve la salud y el Pontificado por muchos y largos años. Por cierto, que nunca he entendido muy bien esta expresión, ya que, como saben ustedes, los años tienen siempre la misma duración, salvo que sean bisiestos, en cuyo caso duran un día más, si bien esto es simplemente una convención para no tener que celebrar el año nuevo en cada ocasión a una hora diferente como consecuencia de esas seis horas de más que cada cuatro años forman un día. Pero veo que me voy por las ramas, y no quiero, así que tiro violentamente de las riendas para que vuelvan los caballos a su ruta abandonada, que no era otra que llamar la atención de ustedes -mis amables y pacientes lectores- sobre el paralelismo curioso, y que ha pasado inadvertido a nuestro nunca bien ponderados medios de comunicación entre, el bien y el mal, ambos en estado puro como corresponde a las ideas.