Que el Papa va y dice que el Islam es una religión violenta. Me la pela, ¿saben ustedes?. No soy musulmán, o mahometano, como se decía antes, que era mucho más bonito y más franquista. ¿Qué los ulemas convocan una jornada de odio? A mi plim, ni soy musulmán, ni soy cristiano. No es mi guerra. Que se odien, o que se quieran en alegre, pacífica y ecuménica concordia. Pero a mí que no me líen. Y digo esto sencillamente para explicar por qué todavía no he escrito nada sobre la polémica en torno a las palabras del Papa. Más que las tonterías que se les puedan ocurrir a unos o a otros me preocupa el hecho de que el Gobierno de la Nación haya decidido mantener un sistema de financiación de la Iglesia Católica que atenta contra los más elementales principios democráticos, porque me obliga a mí, a aportar dinero a las arcas católicas, o que cada vez sea más frecuente la presencia de musulmanes -no sé si fanáticos o no- que pretenden vivir siguiendo sus prácticas bárbaras y no respetando las normas de convivencia de la sociedad que les acoge.

Venga... meta ruido por ahí



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