Muerto Franco hace tres décadas, la derecha española tiene todavía la obsesión de Peribáñez, la admita abiertamente o no, y parece empeñada en seguir negando, o no queriendo admitir, que, en España, Oriente y Occidente se confundieron inextricablemente. Tener en las venas sangre “mora o hebrea” le sigue pareciendo un baldón. Tal actitud no tiene nada que ver con el cristianismo, desde luego, y sí, mucho, con la ignorancia, el odio y la incultura. Y es una pena, porque el mestizaje único de este país, en vez de ser un baldón, es una herencia espléndida que, plenamente asumida, podría tener un peso considerable en el mundo actual y futuro.

Lean este interesantísimo artículo de Ian Gibson en El Periódico de Aragón, sobre el que me advierte Fernando.