¡Santa Madre de Dios, Virgen de las Angustias, y del Pilar, y de Atocha, y de Guadalupe, y del Perpetuo Socorro, y de muchas cosas más! ¡San Pedro Regalado, hombre bueno que fue al que venero! ¡Ayudadme! ¡En qué lío me he metido! Y es que veo yo que se me va a llenar el cuarto de baño de peritos tramposos, periodistas de investigación, magistrados de la Audiencia nacional… Porque a mi reconocida militancia política, al vergonzante mérito de haber sido el inventor del denigrante término “liberalpinochetismo” y sus derivados, a ser uno de los más conspicuos enemigos de don Federico, a mantener esta bitácora a sueldo inconfesable pero confesado, he de añadir otra ofensa a España y a la civilización occidental cometida de forma involuntaria, pero cometida, perpetrada diría mejor, al fin y al cabo. Según he descubierto esta mañana, mientras llevaba a cabo mis matutinas abluciones -y pido perdón por lo mahometano que suena esto- tengo en casa ácido bórico, y no en pequeñas cantidades, precisamente.

¿Y qué voy a hacer yo ahora?.