¿Recuerdan ustedes aquel pueblecito de Ávila que, cada verano, se hacía acreedor de la atención de los medios de comunicación como consecuencia de la visita regular del primer ministro de Su Majestad, John Major, al efecto de pasar en él sus bien merecidas vacaciones estivales? Sí, señores amigos míos, me refiero a Candelada, que estos días es de nuevo objeto de atención de los plumillas, pero en esta ocasión porque la Junta de Castilla y León le ha quitado las competencias urbanísticas al Ayuntamiento para facilitar la construcción de una urbanización, en detrimento de la calidad de vida de los vecinos y del cuidado del medio ambiente. Esto es el mundo al revés. Últimamente, todas las mañanas nos despertamos con el nombre de una nueva localidad puesto en boca de los transistores porque en, al parecer, sus regidores son prevaricadores, corruptos y un montón de cosas más y autorizan la construcción en todo tipo de parajes al objeto de sacar de ella sustanciosa e ilegítima recompensa. En algunos casos, incluso la comunidad autónoma correspondiente, ha intervenido para frenar esta rapiña constructora. Pues en Castilla y León ocurre justo lo contrario. El apetito voraz no es del Ayuntamiento de Candelada, sino del Gobierno autonómico que, en manos del PP, ha decidido quitarle las competencias urbanísticas al Consistorio para recuperar el proyecto de construcción de la antedicha urbanización que había sido paralizada por el actual gobierno municipal (del PSOE e independientes) y que había proyectado el anterior, del PP. Que lo mismo me equivoco, pero que quizás alguien tenía que averiguar a quién beneficia económicamente la construcción de esa urbanización que perjudica vitalmente a la ciudadanía de Candelada, y quizás habría sorpresas. Bueno, lo dejo aquí.

Venga... meta ruido por ahí



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