El próximo sábado es el segundo sábado de noviembre. Si no son de Medinaceli, en Soria, a ustedes esa fecha no les resultará significativa. Sin embargo, lo es. Y mucho. Ese sábado, cada año, se produce uno de esos espectáculos bochornosos que hacen que en otros países nos miren injustamente como una banda de borricos. Ese sábado, un grupo de indeseables ponen en práctica una de esas tradiciones que convierte a nuestra nación en peculiar, uno de nuestros hechos diferenciales, vamos. Cogen a un pobre toro, le inmovilizan, le atan a la cornamenta una madera que en realidad es una doble antorcha y le prenden fuego, dejándole suelto en un recinto cerrado para que corra desesperado y aterrorizado, mientras que los mozos -me apuesto un botón de la camisa a que no hay mozas en este evento- se solazan, gritan y se emborrachan como corresponde a individuos de su inferior especie. Así que ya saben ustedes, se me ponen a protestar inmediatamente enviando cartas, e-mails y lo que se les ocurra al presidente de la Junta de Castilla y León, al alcalde de Medinaceli y a otras autoridades que les proponen en esta web que les recomiendo encarecidamente que visiten. Háganlo, aunque sólo sea para no avergonzarnos de ser españoles cuando salgamos al extranjero.

Venga... meta ruido por ahí