Ernest LluchQue otra España es posible y que merecemos una España mejor son hechos objetivos, no eslóganes electorales más o menos efectivos. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero ha cogido por los cuernos varios de los problemas históricos de España, entre los cuales están sin duda el fin del terrorismo y la articulación territorial de nuestro país. El objetivo: conseguir que esos eslóganes se queden obsoletos. Es muy posible que Zapatero se esté equivocando, es posible que todo termine mal, tal y como quiere la derecha. Sin embargo, quienes apoyamos al Gobierno de Zapatero sin interés partidario alguno, porque lo hacemos desde fuera del PSOE, nos reafirmamos en ese apoyo cuando recordamos a personas como Ernest Lluch, de cuyo asesinato se cumplirán este martes, 21 de noviembre, seis años. Habrá que recordar a Lluch por muchas cosas, pero lo que me interesa subrayar hoy aquí es que Lluch es sin duda precursor de muchas de las ideas que inspiran a Zapatero en su labor de Gobierno. Ideas de las que se ríen, por razones evidentes y comprensibles desde la derecha, y por razones mucho más espurias, sin duda, desde cierta izquierda enteradilla, que se mofa de quien -con más o menos fortuna- intenta resolver los problemas, y calla, cómplice, ante una derecha indecente y delincuente que miente (gracias, don Carlos) cada vez que abre la boca. En fin, que me voy del tema. Recuerden mañana a Lluch, y no se olviden de leer este artículo.

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