Me siento como la Pantoja. No porque me tema que en cualquier momento se presente la policía en mi casa mediando una patada en la puerta, sino por lo mucho que me quiere España, si es que aún existe. Y no es para menos. Entre mis lectores ha aparecido uno generoso, que hasta la fecha no se había dado a conocer, pero que últimamente anda opinando aquí y alla, y que ayer me envió un correo electrónico con una idea para la cabecera. Idea que decidí tomar y, con unos pequeños cambios, incorporar. Espero que no le haya molestado a su generoso autor al que quiero desde aquí enviar un efusivo agradecimiento. Es este: gracias, señor Rueda, y saludos a su padre. Aquí tienen ustedes la nueva cabecera. Para que disfruten de mi omnipresente imagen.

Y aquí tienen una propuesta ingeniosa, realizada por don Simio (que, por cierto, creo que tiene personalidad múltiple) que se agradece, pero se rechaza por barroca.