Los curritos de la Guardia Civil, que viven en unas condiciones de mísera y que trabajan en unas condiciones de explotación que no serían toleradas por el más esquirol de los esquiroles de otros ramos, y que encima tienen prohibido quejarse, se han quejado. Han dicho “ya basta” y se han personado en la Plaza Mayor -algunos con el puño en alto, pero todos con el uniforme puesto, que daba miedo verlos- para exigir la desmilitarización del cuerpo. Y se ha liado parda.

Varios dirigentes de la asociación convocante de las protestas han sido represaliados; pero, sobre todo, hoy hemos sabido que los jefes de nuestros gloriosos ejércitos se han puesto muy nerviosos porque, conocedores de las condiciones en que trabajan sus subordinados, los soldaditos españoles esos cuya frente se enorgullece tanto de besar el Astro Rey, temen que el ejemplo de los beneméritos agentes del tricornio pueda cundir entre los valerosos, pero mal pagados y peor tratados soldaditos españoles.

Así que ni cortos ni perezosos, varios señores generales decidieron hacer uso de su influencia y presionar al ministro Alonso hasta que han obtenido autorización para represaliar, por si las moscas a un dirigente de una asociación de militares. Pues miren, ante estos hechos, yo lo que digo es que quizás los curritos han hecho mal en manifestarse de uniforme, porque de esa manera, están incurriendo en desobediencia a la prohibición expresa que tienen los militares de realizar como militares, manifestaciones políticas.

Pero es que los mandos han incurrido en una falta mayor, que es la de plantarse ante el gobierno y realizar exigencias políticas, estos no en tanto que militares, sino en tanto que generales, que son los que tienen la capacidad de dar órdenes. Porque, la prohibición a los militares de intervenir en política afecta a todos, pero es evidente que se hizo pensando en los mandos, que son los que han realizado las más sangrientas intervenciones en política que se han conocido hasta la fecha. Así que esos generales preocupados que no han tenido problema en presionar al Ministro de Defensa para que adopte medidas políticas -es decir, sancionar a los soldados y guardias que han participado en las protestas- deberían ser sancionados también. Y el Gobierno, no se debería haber dejado presionar.

Pero sobre todo, en medio de esta bronca, no se debe olvidar que estamos en pleno siglo XXI, y que los soldados, los guardias, como cualquier otro trabajador deben tener cauces para realizar sus legítimas reclamaciones laborales y sindicales. De lo contrario, esos atractivos anuncios en los que se llama a nuestros jóvenes a aprender un oficio en el Ejército no engañarán a nadie.

Claro que