El Tribunal Supremo ha hecho justicia. Formal y realmente. Formalmente, la habría hecho en todo caso, ya que no se deben poner en duda las resoluciones judiciales, como todos, menos nuestros estadistas y agitadores de la derecha, sabemos. Y realmente, porque se ha confirmado una condena razonable y proporcionada para un delito que no es de opinión porque los delitos de opinión no existen. Como ha dicho El Perdíu en un comentario a mi anterior entrada, cuando un peligroso terrorista, que no ha tenido dudas en el pasado en apretar el gatillo, pronostica sufrimientos, está amenazando más o menos veladamente, porque es bien capaz de provocar tales sufrimientos; cuando alguien que no ha dudado en el pasado en hacer estallar el coche bomba contra sus adversarios políticos, saca a la luz ciertas facetas del pasado de personas con importantes cargos en la dirección de la política penitenciaria, está amenazando más o menos veladamente, porque está señalando a quienes, por el sólo hecho de que semejante individuo se fije en ellos, tendrían motivos para temer por su seguridad e incluso por su vida.

Así que, ahora sí, si tiene hambre, pues que coma.

Venga... meta ruido por ahí