Que cuando don José Luis nombró a Bermejo Ministro de Defensa, a mí me dio una alegría doble. Por una parte, el hecho de librarnos del anterior, que era un blando, me pareció muy bien, pero que le sustituyera Bermejo, ya fue una señora alegría. Que a mí Bermejo era un tipo que me caía muy bien. Pero la lección que dio ayer en el Congreso de los Diputados me pareció espléndida, maravillosa. Oyéndole pensé que quizás sea cierto, que quizás tengan razón los fascistas -lo siento, no puedo llamar de otra manera a la turbamulta en que se convirtió ayer el Grupo Parlamentario Popular que hace un uso de las instituciones cada vez más parecido al que los nazis hicieron del Reichstag-, cuando dicen que es un radical. Ojalá lo sea y escore al Ggobierno un poco hacia la izquierda, poniendo a la derecha y a sus voceros en su sitio -que en algunos casos es la checa, por injuriadores y calumniadores-. En alguna parte he leído que Bermejo dijo que quizás les daría la ocasión a los populares de comprobar su radicalidad. Ojalá lo vean estos ojos que tengo colocados sobre la egregia nariz, que algunas califican de romana.