Teresa Aranguren. Foto de Fran LorenteNacho Abad Andújar
Madrid Sindical

Es periodista. Y bastará decir que fue la única mujer -junto a una fotógrafa libanesa- que cubrió desde Teherán la guerra Irán-Irak; que consiguió entrevistar en exclusiva a Arafat (2002) cuando se encontraba cercado en Ramala por el ejército israelí o que fue la primera reportera de un medio español que llegó a Belgrado en 1999 durante los bombardeos de la OTAN. Es Teresa Aranguren, 61 años. Especialista en Oriente Medio, zona que conoce bien como enviada especial. Desde 1990, reportera de Telemadrid, y víctima desde la llegada de Esperanza Aguirre de un “ostracismo” profesional que ha afectado a muchos trabajadores de la televisión pública madrileña. Pero Aranguren, mirando al frente. Acaba de publicar su segundo libro, Olivo roto: escenas de una ocupación, doce relatos inspirados en los personajes y situaciones que vio y conoció durante sus viajes a Palestina e Irak. Su primera obra, Palestina: el hilo de la memoria, también puso el acento en esa esquina del planeta que no deja de romperse por todos los lados. Después de media vida profesional consagrada a la información internacional -ha cubierto también las dos guerras del Golfo-, esta mujer encara otro reto: es miembro del nuevo Consejo de Administración de RTVE. En su casa de Madrid, un decimotercero piso desde donde se divisa una estupenda panorámica recortada por los descomunales rascacielos que se están construyendo en la antigua ciudad del real Madrid, hablamos con ella de Palestina, Irak, RTVE y Telemadrid.

P. Olivo roto: escenas de una ocupación.¿De dónde sale este libro?

R. Me nace de la necesidad de contar con más profundidad la realidad de las gentes que he conocido en Oriente Próximo. El periodismo, que es totalmente necesario, y una información lo más objetiva posible es un derecho ciudadano, sin embargo por su misma estructura tiene determinados límites que de algún modo cuando se informa de algo que les ocurre a otros hay una especie de barrera que nos impide que el receptor capte en toda su hondura el drama de los otros. De algún modo, los cosificamos y convertimos en datos estadísticos. Ni siquiera las imágenes de un atentado brutal suscitan un sentimiento de identificación con el prójimo. Nos conmueve más lo que le pase a una mujer española que a una iraquí. Y, a veces, para contar la realidad más hondamente se necesita la literatura. A veces, una buena novela nos explica mejor una época que un libro de historia. Y he tenido la necesidad de recurrir a la imaginación para poder contar la realidad desde la piel del otro. En cierta medida, hacer desaparecer mi presencia como testigo para que sea la voz de los otros la que hable. Por eso he recurrido a la imaginación y no al testimonio periodístico.

P. ¿Es viable la creación de un estado palestino realmente soberano e independiente?

R. Viable sería si hay determinación por parte de la comunidad internacional a forzar que se haga. El tema palestino-israelí no tiene solución si se plantea en términos de que los dos protagonistas negocien y se llegue a un acuerdo, porque no hay una situación de equilibrio. Es como meter al lobo y al cordero en un cuartito y decirles que se arreglen ellos. La solución tiene que ser impuesta, por la comunidad internacional. Del mismo modo que la tragedia sobre el pueblo palestino se le impuso desde fuera. Y ahí es donde está el problema porque la parte que puede forzar a Israel a acabar con la ocupación y acatar las resoluciones de Naciones Unidas es Estados Unidos. Pero Estados Unidos no es mediador, es parte del conflicto.

P. ¿Y la Unión Europea?

P. La UE tiene un papel muy importante. Debería tener un papel muy importante, y marca diferencias respecto a la posición de EEUU, pero de una manera muy tímida todavía. Si no hay perspectivas de cambio en la posición de EEUU respecto al tema de Oriente Próximo, la UE debería decidirse de una vez por todas para marcar una política propia, no sólo en el terreno de las declaraciones sino en el terreno de las actuaciones políticas.


P. Irak, ¿por dónde pasa su futuro?

R. A corto plazo no hay futuro. Lo que se ha hecho con Irak es lo que dentro de 50 años se estudiará como grandes crímenes en la historia de la humanidad. Irak es un país destruido por la invasión. Tenemos muy pocas posibilidades de saber en profundidad qué ocurre en Irak porque la información que nos llega es sólo de Bagdad y alrededores. Por lo que veo y oigo, todo iraquí, excepto los que sus vidas dependan de la presencia estadounidense, ya sea sunita o chiítas, se plantean que el primer paso es acabar con la ocupación. Nos están vendiendo la idea de que no se pueden ir ahora porque si lo hicieran las cuestiones de seguridad serían muchísimo peor. Sin embargo, los datos que tenemos es que el Ejército estadounidense no actúa, para nada, en función de la seguridad de los iraquíes. Los soldados viven acuartelados en sus búnkeres, para protegerse a sí mismos, y sus únicas salidas son operaciones militares ofensivas: bombardear ciudades. Eso no tiene que ver con la seguridad, sino con la seguridad de la gente que Estados Unidos ha puesto en el Gobierno iraquí, y ni siquiera con todos.

P. ¿La situación se está deteriorando tanto como para poner en peligro un futuro estado donde suníes, kurdos y chíies convivan en armonía?

R. Dejemos el tema kurdo aparte. Los kurdos llevaban mucho tiempo viviendo en un régimen autonómico sin control del estado iraquí. Respecto a suníes y chiítas, el enfrentamiento interconfesional no es una característica de la sociedad iraquí. De hecho, nunca se había producido. En el escenario de caos, que no sólo la ocupación sino la destrucción de todas las estructuras del estado, ha traído consigo, sí es verdad que han sumido al país en una oleada de violencia confesional. Pero no sabemos hasta qué punto esto es provocado por intereses externos: quién maneja los escuadrones de a muerte, porque hablamos de escuadrones de la muerte y no de población chiíta que se lanza contra sus vecinos los suníes. No hay un barrio que se levante y vaya a quemar las casas de los otros. Hay escuadrones de la muerte de un lado y otro. Y la posibilidad de retomar la situación característica de Irak, es decir, ausencia de enfrentamientos interconfesionales, dependerá de la posibilidad de crear un frente nacional iraquí con sentimiento de identidad iraquí. Hay intentos de crearlo, pero todo está muy diluido. Las fuerzas estadounidenses han dado mucho poder a los clérigos y han reforzado todos los elementos más retrógrados y tribales que ya no estaban en el desarrollo de la sociedad iraquí. Los clérigos chiítas tienen mucho poder. Y a algunos si les interesa una sociedad movida por criterios religiosos. Y no son todos muy fundamentalistas. En el mundo chiíta hay de todo. En el Partido Comunista Iraquí había una enorme presencia de chiítas. Muchas veces, lo que se dice de la represión que ejerció Sadam Hussein sobre los chiítas creo que se equivocan los términos. Claro que hubo represión, pero porque los chiítas eran el sector que por su misma estructura jerárquica estaban más organizados contra la dictadura. La represión era en cuanto opositores a la dictadura, no por cuestiones religiosas. En el Gobierno de Hussein había chiítas.

P. Y como periodista, ¿qué te parece la imagen que se nos transmite del mundo islámico?

R. Es una imagen que acentúan estereotipos y prejuicios a veces totalmente falsos. Se nos transmite la imagen de una sociedad completamente fanatizada, violenta de por sí y que representa una amenaza para nosotros. Y si nos asomamos y tratamos de comprender los acontecimientos de los últimos años, estos nos deberían hacer ver que nosotros, occidente, actuamos como una amenaza para el mundo islámico, con décadas de agresiones militares. Esto no quiere decir que no exista la amenaza del terrorismo islámico.

P. Recién nombrada consejera del Consejo de Administración de RTVE. ¿Qué esperas aportar al este ente público, cómo es el reto que tienes por delante?

R. Asusta. Dentro de lo que yo pueda dar al Consejo, a mí me importa mucho la defensa de los medios públicos como medios centrales y de referencia del sistema de comunicación del país, no como una presencia testimonial. Son necesarios unos medios públicos potentes y que sirvan de referencia al resto, para lo cual es muy importante la audiencia también. Otro factor es defender la independencia de los medios públicos del poder político.

P. ¿Y eso por qué no pasa en este país?

R. No pasa en este país y en otros muchos. Es lo que se ha intentado con la reforma de la televisión, con medidas concretas como la designación del presidente y los consejeros por el Parlamento y no por el Gobierno. Pero no basta eso. Será muy importante que los consejeros [propuestos por los partidos políticos] seamos capaces de actuar como Consejo de Administración defensores de RTVE, no como correa de transmisión de los grupos políticos. Y también debemos actuar como garantes del amparo a la profesionalidad e independencia de los trabajadores. Yo sé hasta qué punto es perniciosa y brutal la injerencia política en un medio público [trabajó en Telemadrid desde 1990], y cómo se puede tratar de eliminar los criterios profesionales y de ética periodística.

P. Pero los periodistas también se dedican a hacer política. Muchos, de hecho, marcan la agenda política del día. Escuchando al tertuliano de turno por la mañana sabremos ya de lo que hablará el secretario general de un partido.

R. Hay un fenómeno muy peligroso en el periodismo: el alineamiento militante de sectores de medios de comunicación con una anulación casi total de la independencia de criterio del profesional. Un periodista que trabaje en la COPE tiene que seguir la línea que marca la COPE que a su vez marca la línea a seguir al PP. Lo que ocurra en RTVE debe marcar una línea totalmente distinta.

P. Y finalmente, el descrédito de la profesión.

R. El periodismo ha perdido mucha credibilidad. El ciudadano tiene razón al dudar de la independencia y de los medios. También existe una especie de impunidad. Como el periodismo es muy efímero, se piden pocas cuentas cuando se demuestra que un medio miente. Habría que recuperar el ABC del periodismo: el rigor a la hora de contrastar las fuentes y acreditar las fuentes y no dar como hecho lo que dice fulanito, ya sea el portavoz del Gobierno o el Pentágono. Y en esta vorágine de militancia política, todo lo que sirve a la consigna política de determinado medio se le da credibilidad. Y no ocurre sólo en España, es un fenómeno internacional que se ha visto muy claro en política internacional. Una se pregunta cómo es posible que en los meses previos a la invasión de Irak, con toda prensa de Washington volcados, fuese tan fácil a los gabinetes de prensa del Pentágono y la Casa Blanca llevar toda la discusión política a una dinámica que se sabía que era falsa, como la de si Irak tenía armas de destrucción masiva o no.

P. ¿Deben desaparecer de la parrilla de TVE programas que parecen más propios de los medios privados?

R. RTVE, como medio público, tiene compromisos y obligaciones de carácter de servicio público que suponen la atención a la infancia y grupos más desfavorecidos, promoción de valores asentados en la democracia y en los conceptos de democracia e igualdad de oportunidades. Todo eso es evidente. Pero no debe llevarnos a pensar que programas de entretenimiento no sean propios de los medios públicos. El entretenimiento también es un servicio público. Pero como medio público tiene que tener más precaución en que todo lo que englobamos en ese concepto de entretenimiento no conlleve la degradación del ciudadano. Una televisión es un medio de información, entretenimiento y promoción de valores.

P. En Telemadrid desde 1990. ¿Cómo has vivido los últimos cuatro años, con toda la que está cayendo en el la televisión pública madrileña desde la llegada al poder de Esperanza Aguirre?

R. En el ostracismo total, como muchos de mis compañeros. Un sector importante de la redacción ha quedado totalmente marginado y sustituido por otro que no plantea problemas. Lo que está pasando es muy duro, y ahí está la pérdida de credibilidad y audiencia. Ahora, he de decir que en Telemadrid se está dando todo un ejemplo de resistencia por parte de los profesionales, pagando por ello un precio muy alto. En Telemadrid hay una situación terrible de acoso y manipulación informativa. Pero eso no se ha hecho con la aquiescencia de los profesionales. Hay una resistencia que no es tan fácil de encontrar en un medio de comunicación, como la negativa a firmar las informaciones, aunque ya se nota menos esta acción porque a todos los redactores que no firman las informaciones no se les encarga información.

P. Y esta situación no se arregla cambiando sólo al director general, Manuel Soriano. Habría que mirar más lejos.

R. La situación cambiaría si hubiera un cambio de actitud en la Presidencia de la Comunidad de Madrid. No es una cuestión de partido político. En la época anterior, cuando gobernaba Gallardón, Telemadrid mantuvo una línea que no se diferenciaba casi nada de la anterior, cuando era presidente Leguina. Había presiones, como en todos los medios, pero existía el respeto a la profesionalidad de los informadores. Y eso es lo que se rompió con la llegada de Aguirre. El tema de Telemadrid no es una cuestión de PP o PSOE, sino de unos políticos concretos que han entrado a tomar un medio público como si fuera su gabinete de prensa, su portavocía particular.

Venga... meta ruido por ahí



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