No sé quién es el tal Ricardo. Supongo que un señor accionista de PRISA, ni qué le preguntó a don je´sus. Lo que sé es que coincido plenamente con las palabras del señor Polanco, y por eso las reproduzco aquí.Léanlas como si las dijera yo, porque una por una, las digo, y las escribo. Hoy yo también soy Polanco. Y no por la libertad de expresón, que también, ni por la libertad de información, que también, sino porque estoy plenamente de acuerdo con don jesús, y tengo derecho a decirlo. Hala, a ver si tienen güebos para boicotearme a mí. Y que digo yo que tiene narices la cosa de que tenga yo que solidarizarme con un financiero multimillonario.

Querido Ricardo: estoy muy de acuerdo, como siempre, contigo; y quiero solamente decir que hasta los que deberían considerarse favorecidos por nosotros nos ven poco adictos.

Es curioso. Si yo contara anécdotas de cómo nos consideran neutrales [aquellos cuyos] contrarios opinan que somos una secta, o un brazo armado mediático… Nosotros tratamos de ser neutrales. Lo que ocurre es que es muy difícil, muy difícil, estar de acuerdo con la acción política de algunos partidos. Es muy difícil estar de acuerdo con todos; pero con algunos, por encima de otros, [es más difícil].

En un momento en el que (me permito dar una opinión personal) hay quien desea volver a la guerra civil; en que acabamos de ver una manifestación pública, que es el franquismo puro y duro puesto en imágenes de televisión, el que nosotros opinemos como opinamos la víspera, diciendo que nos consideramos gente decente, españoles de bien, completamente dignos, y que no íbamos a ir a esa manifestación para nada, cuando los contendientes se colocan ahí, [para] un grupo como el nuestro, que pretende ser neutral, es muy difícil.

Porque a poco que digas, [con] lo que está ocurriendo, es recibido muy mal. Evidentemente, por los que no son nuestros amigos. Y, desde luego, por los que consideran que somos poco amigos de ellos, que son los contrarios.

Como anécdota diré que el nuevo director de EL PAÍS publicó un artículo con su firma, el único que ha publicado, coincidiendo con la salida de la edición gallega, en la que daba su opinión, que tiene todo el derecho del mundo a dar, sobre todo con su firma, en el que les decía a cada uno [aquello] en lo que él consideraba que cada uno estaba fallando. Puedo asegurar que lo mal que ha caído la carta del nuevo director de EL PAÍS es verdaderamente sorprendente.

Porque la capacidad que tiene la clase política española de encajar la crítica… incluidos nuestros amigos, que dicen: si vosotros, en este mundo proceloso de Madrid (ésta es una historia mucho más de Madrid que de Barcelona), después de leer todos los días lo que nos dicen los demás, llegas a EL PAÍS, y también te critica, [entonces] el disgusto es total.

Bueno, nosotros sabemos desde las elecciones del año 1977 que en España había aparecido un periódico que no dependía de nadie, y que se había constituido en una referencia. A partir del otoño de 1977, nosotros hemos vivido la enemiga de todos los poderes económicos, sociales, políticos de este país y eso nos ha cuajado bastante.

A partir del otoño de 1977 empezó una guerra civil dentro del accionariado de EL PAÍS para apoderarse de EL PAÍS. Curiosamente, empezaron diciendo que yo controlaba EL PAÍS; y yo lo único que tenía era que, con el equipo de gestión, habíamos hecho un grupo y nos habíamos lanzado, dando nuestra cara y nuestras espaldas, para que el asunto funcionara.

Bueno, al final de aquella guerra, que recuerdo que fue en el año 1983 (o sea que duró cinco años y medio), consiguieron [aquello de] lo que me acusaban: y es que al final de la guerra (yo estuve aguantando la guerra entera), hice que el grupo que antes he descrito se hubiera convertido en el controlador de la propiedad de EL PAÍS. Tengo que decir que desde el año 1983, en que terminó la guerra, [y desde] 1984, cuando yo tomé la presidencia, y quedó ya todo consolidado, estoy muy orgulloso de que la propiedad o el apoyo de los accionistas al proyecto de EL PAÍS no ha decaído nunca, y de que EL PAÍS ahí sigue, estando con un país muchísimo más complicado que el país de la transición. Porque entonces existían complejos de la culpa que hoy han desaparecido.

Aquí el poder es histórica y legítimamente de unos señores. Y cuando resulta que esos señores no gobiernan… Aunque la verdad del caso es que este país, con todos los problemas [que sufre], está como nunca. Ésa es la idea que tenemos todos los que andamos por la calle. Y, desde luego, no estamos todo el día en la calle Serrano o alrededores; sino en el resto de España. Que España funciona muy bien.

De acuerdo, haremos críticas de A, B, C y D de lo que está haciendo este Gobierno. Yo soy el primero en decirlas. E incluso, como soy ya suficientemente mayor, y he sido siempre bastante impertinente, se las digo a quien corresponde, a la cara, sin que me preocupe lo más mínimo. Pero en fin, lo que te quiero aclarar es que es muy difícil ser neutral cuando hay una de las partes [que considera] que vale todo, absolutamente todo, para recuperar el poder.

Oiga, las reglas del juego! Y también, perdonadme que haga esta [reflexión] personal: yo opino que si pudiéramos nosotros, el grupo PRISA, colaborar para que en España hubiera un partido de derechas moderno, laico, con ganas de conservar lo que hay que conservar, y transformar lo que hay que transformar, los apoyaríamos. Si es lo que nos falta. Ya tenemos un partido de izquierdas, absolutamente democrático, que funciona.

Tendrá sus aciertos, tendrá sus errores. [Pero] no tenemos en el otro lado un partido de derechas del que podamos decir: las alternancias de poder no tienen más consecuencia que cambios de equipo de gestión. Pero no lo que parece que nos están poniendo: que si estos señores recuperaran el poder van a venir con unas ganas de revancha que a mí, personalmente, me da mucho miedo. Nada más. No sé si te he respondido.

Venga... meta ruido por ahí