policias.jpgAyer, después de hacer dos o tres reflexiones sobre las razones que llevan a los políticos neofranquistas del PP a reprimir un comportamiento -el de beber en la calle- que no es propio de los jóvenes de hoy, sino de los jóvenes de siempre, decía que los altercados ocurridos estos días de puente en Malasaña no eran fruto de la rebeldía de los jóvenes, sino del puro y simple gamberrismo. Pues bien, hoy quiero hablar de la actuación de los camorristas esos que han tomado parte activamente en los altercados, provocándolos en muchos casos, ensañándose en otros con los más débiles, con los que menos posibilidades tenían de defenderse, robando enseres personales como cámaras de fotos y vídeo o sus muletas a los cojos. Me refiero a la policía, especialmente a la policía municipal, que actuaron como verdaderos camorristas, como borrokas uniformados.

¿Han leído ustedes las crónicas? Sí, esas cronicas que hablan de cómo los policías han atacado violentamente a la gente que estaba esperando para entrar al metro; de cómo le robaron la cámara a un estudiante de cine; de cómo dieron una brutal paliza a un joven que les insultó;, de cómo cuatro amigos tuvieron que rescatar a una chica -la más menuda del grupo, qué casualidad- de los brazos de unos gorilas que se disponían a darle una paliza de muerte -como otras tantas que estaban dando por el barrio- por afearles haberle roto la nariz a otro de sus amigos; de cómo le robaron la muleta a un cojo (vean la foto, véanla). ¿Hay que tolerar este tipo de actuaciones de la Policía Municipal? Digo la Municipal, porque cuando aparecen los antidisturbios, ya sabemos todos lo que pasa, ¿pero los municipales, que se supone que son los que ayudan a los ciudadanos? ¿Qué necesidad hay de actuar con esa desproporción? Quizás sean las órdenes, quizás es que pusieron de servicio estas noches a los más sádicos. O ambas cosas. En fin. Mañana hablamos del alcalde skin.

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