Hoy, el día en que los franceses acuden a votar en libertad y masivamente para elegir al Presidente de la República, me avergüenzo de ser español. Y, como siempre, me dan envidia los franceses. Me avergüenzo de ser español, porque en apenas 20 días vamos a ir a las urnas para renovar ayuntamientos y comunidades autónomas y no vamos a poder votar en libertad; me avergüenzo de ser español porque tenemos un gobierno cobarde que cede constantemente a las presiones de los franquistas, y adopta medidas de carácter autoritario. El Tribunal Supremo, el Partido Socialista Obrero Español, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, con nocturnidad y sin vergüenza, han enviado un mensaje a los componentes de 380 candidaturas electorales en el País Vasco, unos 4.300 ciudadanos y ciudadanas. Les han dicho lo siguiente: “Sabed que da igual lo que hagáis, lo que digáis, lo que escribáis. Sabed que os consideramos ciudadanos de segunda clase, sabed que nos importa muy poco que no pese sobre vosotros ninguna sentencia que os condene a inhabilitación para ocupar cargos públicos o para ejercer vuestro derecho de sufragio. Nosotros hemos decidido que al margen de eso, os recortamos vuestros derechos y sin realizar acusación alguna contra vosotros, os vamos a impedir participar en el proceso electoral. Nunca, hagáis lo que hagáis, podréis ser candidatos en ninguna convocatoria electoral. Y eso, porque somos así de chulos. Sin sentencia y sin nada“.

¡Puta España!

Venga... meta ruido por ahí



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