No sé si ustedes se acordarán que unas semanas antes de las elecciones, el Partido Popular y sus comparsas organizaron un curioso sarao en Pamplona, indignados como estaban porque, según ellos, Navarra, la española Navarra, era moneda de cambio del Gobierno de la Nación en sus negocios oscuros con terroristas de toda estirpe y condición.

Estos días me estoy acordando mucho de ello, pero parece que don Mariano Rajoy se acuerda poco, porque ahora son los conservadores -él personalmente- los que utilizan a Navarra como moneda de cambio, al proponer a los socialistas -que son más malos que la quina, pero si hay que hablar con ellos, pues se habla, que muchas familias viven del cuento en la UPN- un trueque: Canarias por Navarra. Lo que piensen los electores que han dicho claramente que no quieren más Gobiernos de UPN y que les han castigado por su actitud fascista, caciquil y mentirosa, es lo de menos. Aquí lo que importa es el negocio: Canarias por Navarra. La verdad es que no me sorprenden nada estos trileros, oigan.

Pero para trilera, Doña Yolanda Barcina, alcaldesa agonizante de Pamplona, que ahora dice que el Ayuntamiento pamplonés debe quedar en manos de los constitucionalistas, que son ellos, claro, porque aquí, constitucionalistas, lo que se dice constitucionalistas sólo son los que tanto resistieron a la aprobación de la Constitución en su día y ahora la imponen a gorrazos si hace falta. Ha hecho bien Patxi Zabaleta, que al renunciar a la presidencia de Navarra, que le correspondería en caso de que hubiera un acuerdo PSN-NaBai, ha demostrado ser un verdadero hombre de estado, un caballero y un patriota, ha hecho bien don Patxi, decía, en recordarle a Barcina que sí realmente es constitucionalista, lo que tiene que hacer es respetar al Tribunal Constitucional que ha dicho que en Pamplona ANV no es ETA.

Y los socialistas que se acuerden que con los de UPN ni al txoco los domingos, que luego les roban hasta las anchoíllas.