Si los ciudadanos europeos no conseguimos que las instituciones europeas sean plenamente democráticas, sino más bien un club de notables que se reúnen regularmente y deciden sobre determinados asuntos muchas veces de capital importancia para nuestras vidas, resolviendo, después de tomar dichas decisiones, no consultar a la ciudadanía si piensan que van a ser impopulares, como acaba de ocurrir con el Tratado de Reforma;

si los ciudadanos europeos estamos cediendo parcelas de soberanía a una institución, la Unión Europea, cuyo Parlamento no tiene realmente poderes más que simbólicos y consultivos, pero cuyas votaciones y resoluciones nos son vinculantes en la mayor parte de los casos;

y si ahora, los ciudadanos europeos no tenemos en las instituciones garantías para el ejercicio de nuestros derechos y de nuestra dignidad, sino al revés, entonces,

¿qué nos aporta la pertenencia a la UE?